Dentro de poco habrá una nueva humanidad.
Una nueva historia. Un mejor futuro. Tenemos por delante una enorme oportunidad de cambio.
Estamos en marcha. Da gusto, que siempre haya hombres y mujeres, dispuestos a hacer el bien. En todas las ciudades y en cada calle, existen quienes
no están de acuerdo con tanto mal e injusticia. Han batallado, pero no se han dado por vencidos. Es una aventura por la paz y el progreso.
Nosotros no saldremos derrotados.
Nuestra lucha es una labor de cada día. Cierto que existen inconvenientes, debilidades y tentaciones. Pero todo sale bien cuando uno se apoya en Dios. Entonces brota el entusiasmo, el valor, la iniciativa y la confianza.
Por más disparates que cometamos, nosotros queremos seguir de la mano de Dios. Y confiamos en que Él no nos va a soltar.
Somos una minoría si nos comparamos con los materialistas, los depravados, los violentos, los groseros, los viciosos o los indiferentes. Ellos confían en el dinero, las armas y las agresiones. Nosotros, en Dios.
NOSOTROS COMO DAVID
Cuando surgen los obstáculos, podemos recordar que la Biblia nos narra que existió un joven cuidador de ovejas. Vive al aire libre. Está acostumbrado a caminar entre su rebaño. Cree en Dios y espera su hora.
De repente el ejército de Israel se repliega. El pueblo de Dios
está atemorizado porque puede ser destruido. Ha comenzado la invasión de los Filisteos. Al frente viene Goliat, un gigantón con casco, coraza y espada.
Quiénes les harán frente?
David viene del campo. Una mano en la honda y otra en Dios.
Lleva cinco piedras. No puede dejar que se le acerque.
Ha tenido valor y tino, y le han sobrado cuatro piedras.
La primera se ha clavado en la frente del gigante.
Le han bastado la fe y la audacia, para no amedrentarse
ante los poderosos.
LA FUERZA LA PONE DIOS
Ninguno de nosotros debe sobre estimarse.
Somos débiles, pero de la mano de Dios podemos mucho.
Nosotros ponemos la honda y Dios la fuerza.
Los demagogos, corruptos y perversos se vendrán abajo.
Cuando Dios da la vocación y podemos ver, también concede la gracia para cumplir con la misión.
Dios ilumina, da la gracia, nos preserva y nos llena de fortaleza.
No estemos preocupados por ser pocos, por ser pobres o por ser débiles.
Llegado el momento, la fuerza la pone Dios; porque la historia se configura tanto de nuestros actos libres como de la providencia divina.
EL AMOR SIEMPRE TRIUNFA
A nosotros Dios sólo nos pide un esfuerzo: que lo elijamos; que seamos libres, que nuestra libertad elija la verdad y el bien, aunque muchas veces nos equivoquemos. Nos pide nuestras emociones y colaboración para mantener el orden de la naturaleza y para colaborar con vehemencia en el bien común.
Dios nunca nos obliga. Su ejército está formado de hombres y mujeres libres y pacíficos, cuya batalla no está en destruir nada ni a nadie, sino en amar todo y a todos. Entre nosotros, nadie lo dude, la única arma que siempre triunfa es el amor.
Con amor habrá una nueva humanidad y un mejor futuro. Con amor haremos el cambio. Como David, con una mano en la honda y la otra en Dios. Sin temor, tendremos la fuerza de vencer lo que parecería imposible. El amor nos llevará a cambiar la historia de nuestros amigos, de nuestras familias, de nuestros barrios y ciudades, y del mundo entero.
El amor no se limita ni contradice. El Creador nos pide amor a nosotros mismos, amor al prójimo, amor a la naturaleza, y desde luego, amor a Dios. El amor es el mandamiento, que nos ha de llevar por todos los rincones de nuestra vida
y hasta el fin del mundo.