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INTRODUCCION

La última década del siglo veinte ha significado, para la mayoría de las naciones latinoamericanas, un período de "desmantelamiento" de sus estructuras e identidades.

Atrapadas en el destiempo, la inequidad y la disparidad interna, nuestras comunidades no alcanzan a digerir los embates acelerados del avance tecno-científico, las ambiciones de los políticos, las decisiones y transferencias de los grandes grupos financieros, la globalización del comercio y el consumo, de la informática y los medios masivos de comunicación.

En particular, la explosión demográfica, el exterminio de los recursos naturales no renovables, la polución y el asinamiento, el endeudamiento, la desocupación, la carencia de vivienda, la pobreza y la delincuencia, son causa y efecto de la corrupción y la lucha por el poder, así como de la fractura de las otrora sólidas familias mexicanas.

El desquiciamiento individual y colectivo está instalado en los desajustes psíquicos y morales de la llamada "generación de la crisis". Generación de personas concretas que dejó de creer en el mundo moldeado por sus padres y vislumbra atemorizado el futuro de sus hijos. La crisis del liberalismo económico desemboca en una generalizada crisis de liberalismo moral: que es esclavitud, y no libertad financiera ni ética.

El equilibrio fincado en una fe homogénea, que daba criterio para evaluar la moral social, se ha roto.  Los principios, que por siglos configuraron la vida de nuestros pueblos se resquebrajan en lo que también podría entenderse como el "desmantelamiento ético" de la vida cotidiana.

A fin de cuentas, los hechos criminales que se suceden de forma geométrica, muestran con crudeza que los mexicanos estamos atrapados en la violencia y la irracionalidad.  Y si consideramos que los hechos son consecuencia de las ideas, lo que acontece puede entenderse como una "crisis de criterios".

Mientras el catolicismo se consolida en ciertas áreas sociales, en otras, sufre contracciones severas en beneficio de grupos y sectas no institucionales, o bien engrosa un escepticismo masivo y epidémico.  En este ambiente de inseguridad conceptual y de costumbres inesperadas, las puntadas que dan cuerpo al tejido social tienden a deshilvanarse favoreciendo las que presentan expectativas novedosas.

Frente a la belicosidad y la violencia, ante el fracaso de las ideologías, la consolidación de centros hegemónicos de poder económico, las fracturas comunitarias, la infuncionalidad en las parejas, el abandono, la frustración, la pobreza, la desesperación o la depresión anímica... la New Age pretende anunciar un estado de bienestar histórico.

New Age irrumpe como una cosmografía que reemplaza los "viejos" moldes antropológicos y teológicos.

New Age es una expresión inglesa con la que se designa una diversidad de ideas, conceptos y movimientos. Es un término genérico usado a partir de los sesenta, que se emplea para designar una tendencia sociocultural que posee aspectos religiosos. Comprende un modo diferente de entender la vida, la historia, las personas y el universo. No tiene un credo definido. Los adeptos no están obligados a guardar coherencia o piedad alguna. Abarca grupos, escuelas, sociedades y organizaciones dedicados a los fines más diversos. 

No es una religión con un fundador y doctrina definida. No es una filosofía, si bien abarca una visión de dios, del hombre y del mundo. No es una ciencia aunque quiere presentarse con aires científicos. No es ocultismo puro, pero se nutre de prácticas esotéricas.

Sus seguidores pueden ser gente de todo tipo y proceder de cualquier estrato social y cultural, de alguna religión o de ninguna.  Se consideran identificados al compartir viejos conocimientos que por siglos han sido ocultos.

Persiguen ostentarse como poseedores de un proceso evolutivo que los convierta en dominadores de mentalismos superiores.  Comparten ideas y actitudes que consideran místicas, una visión curiosa del ecologismo, la tolerancia moral y sexual, la adversión a las instituciones, la desconfianza en la filosofía y las ciencias clásicas; optando por lo que llaman conocimientos alternativos.

Realizan un permanente y activo proselitismo, penetrando a través de publicaciones, programas de radio o televisión, charlas, centros de información, cursos y retiros. Afirman una metafísica de que todo cuanto existe es dios, de que todo es energía, de que todos somos uno. 

En la continua perfección evolutiva, los maestros son tenidos como seres superiores e incluso dioses vivientes.

Los New Agers consideran que por el desarrollo de las facultades intuitivas del cerebro, será posible despertar las divinidades internas por las que los hombres serán dioses.

Su oposición al materialismo, la defensa de la vida natural, el interés por la meditación, el desarrollo de facultades mentales, el servicio filantrópico y la predicación por la paz, atrae a miles.

Si a esto le añadimos el desencanto por las iglesias formales y por efectos colaterales de la ciencia, traducidos en desconfianza hacia el clero y los científicos, entenderemos que la militancia en la New Age no solo es atractiva sino hasta cómoda, al no tener exigencia doctrinal ni ética, eludiendo cualquier responsabilidad científica, lógica moral y hasta de culto.

Desde luego que la invitación a abandonar un ambiente de violencia atrae a los pacifistas, que el ecologísmo es necesario, que la posibilidad del desarrollo humano y filantrópico sensibiliza a muchos, que la ilusión de obtener poderes que cambiarán la mala suerte o las desgracias, cautivan a quienes están sumidos en la desesperanza. 

El asunto, sin embargo, no consiste tanto en lo que afirman como en lo que niegan. Niegan la esencia de la conciencia y la cultura occidental: niegan que exista un solo Dios creador del universo, providente, que gobierna y mantiene la creación. Niegan la ciencia sustituyéndola por conocimientos esotéricos.  Niegan la libertad suplantándola por la suerte.  Niegan que seámos personas individuales de naturaleza racional, con derechos y deberes naturales y civiles, asimilándonos como emanaciones energéticas destinadas a reencarnar eternamente.

¿De dónde ha provenido esta avalancha conceptual? ¿Cómo es que se ha difundido? ¿Quienes la promueven? ¿Se trata de una corriente transitoria de moda? ¿Surge y se difunde espontáneamente? ¿Detrás de New Age existen líderes con propósitos definidos? ¿Ofrece soluciones verdaderas o por el contrario nos enfrenta a nuevos errores?

Esta investigación pretende proporcionar a sus lectores, una perspectiva amable y sintética de la realidad New Age... Y conducir por los parajes que develan los misterios del origen, los medios y los fines de este movimiento.

Es resultado del contacto directo con discípulos y líderes New Agers, así como del conocimiento extenso de sus centros de difusión, temarios, prácticas, charlas y textos.

La importancia de este tema radica en que la New Age se erige como religión planetaria y universal.  New Age se decreta, a sí misma, la religión que sucede a todas las religiones precedentes y al mismo tiempo las perfecciona.
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La New Age representa un gran desfío para el cristianismo. No sólo por el hecho de que se propaga con tanto vigor, sino sobre todo por que la ha tomado expresamente contra el cristianismo, a pesar de que se apropia de partes completas de la herencia cristiana. Cardenal Godfried Danneels.

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