MAESTROS ESOTÉRICOS
El mediador de las practicas mágicas es un maestro, medium o chamán. Un gurú. Usualmente el maestro se resiste a ser reconocido por su nombre auténtico, por lo que adopta, para ostentarse ante sus clientes, un pseudónimo que suene extraño, la mayor de las veces en sánscrito. El término chamán procede de sharamana, que significa asceta en idioma sánscrito. El chamán es un mediador entre el mundo invisible, metafísico, lleno de espíritus, seres, energías y fuerzas ocultas, y el mundo natural propiamente humano.
El chamanismo consiste en una serie de conocimientos y disciplinas secretas, que no se enseñan a cualquiera; y que suponen el aprendizaje de ciertos principios, ritos y fenómenos psiconeuróticos. Los futuros chamanes aprenden el oficio directamente de su maestro, mediante procesos de iniciación que suponen el dominio de lenguas y técnicas espiritualistas, que les conceden dominio sobre energías que suponen caóticas, pero que ellos pueden modificar: ejerciendo poder sobre el reino de los muertos, los espíritus, el futuro, el mundo psicológico interior y los poderes de la mente. Estiman lograr la detonación de lo que asignan como potencial humano.
Las sesiones chamánicas tienen un tinte místico, en que los dioses o espíritus superiores hacen su irrupción, apartando desgracias, apaciguando la naturaleza, adivinando el porvenir y conduciendo iluminadamente mentes o actitudes. Consisten en meditaciones, adivinanzas, profecías y curaciones en que se genera un fuerte ambiente de autosugestión, neurosis y hasta contagio de transes colectivos. La disposición y aceptación de los receptores es indispensable para ello.
El budismo-lamaísmo-esotérico comprende una gama muy importante y variada de instrumentos, prácticas y conocimientos: pirámides, triángulos, amuletos, talismanes, runas, inciensos, sonidos rituales, lectura de cartas, tarot, astrología, gemas, dijes, placas de energía, cuarzos, joyería, diapasones, imágenes de deidades y ángeles, vegetarianismo, curaciones pránicas y holísticas, textos y meditaciones vipasanas, ejercicios de respiración y concentración, hologramas, yoga, danzas rituales, masajes energéticos, ritos sexuales, energización de chakras, lectura de esferas, velas o agua, numerología, musicoterapia, alquimia, hipnosis y autohipnosis, tercer ojo, telepatía, hechizos, sanaciones, reiki, desdoblamientos mentales, viajes astrales, clarividencia, clariaudiencia, gnoseología y teosofía.
El budismo tibetano constituye, como los maestros ascendidos lo corroboran, la columna vertebral de la astrología, el tarot, la cartomacia, el taoísmo, las auras, la magia, el esoterismo y de alguna manera de la parapsicología y de los poderes ocultos de la mente.
La conciencia trágica y mágica que desencadenan estas prácticas, influye de manera especial en la gente más ignorante y en aquellas que padecen desesperación o desadaptación psíquica, social, cultural o alguna enfermedad incurable; pues esperan que fuerzas maravillosas les reintegren de manera espontánea fuerzas vitales, que estiman carentes o pérdidas. La docilidad por la que se doblegan ante estos conocimientos o ritos inexplicables, supone conceder al chamán un poder misterioso y superior sobre la madre naturaleza. La confianza jerárquica y la sumisión son, pues, indispensables para el chamán, el aprendiz y el neófito. El dominio hacia el discípulo y la plena confianza y entrega que reclaman los maestros, es indispensable; y ejercida por sugestología, como requisito.
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