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EL LAMAISMO EN MÉXICO

En 1959 un egresado de la facultad de historia de la UNAM, cuyo nombre se desconoce, pero que se autoidentificaba con el seudónimo de Ayocuan o Manuel, partió hacia el Tíbet con la intención de apoyar la fuga del Dalaí Lama y el rescate de bibliotecas monacales, amenazados entonces de caer en manos de las fuerzas armadas chinas; expedición organizada por ex-militares nazis. Gracias a este esforzado propósito, recibió la oportunidad de incorporarse a un monasterio lama localizado al sur del Tíbet entre las montañas. Tras siete años de estudios, regresó a México; comenzando una labor de proselitismo y formación de nuevos maestros. Se retiró a la vida de anacoreta en la Sierra Tarahumara, muriendo en 1982. Heredó a sus seguidores misiones específicas: incorporación de discípulos, formación de ashrams, vinculación del lamanismo a las costumbres indigenistas de México, creación de centros de desarrollo humano y estudio histórico de perspectiva esotérica. 

El secreto más importante de sus enseñanzas consiste  en que México posee un chakra planetario y que es la nación que será sede de la nueva era evolutiva de la humanidad, diciendo: la mujer dormida -el Iztaccihuatl- debe dar a luz.

Un discípulo suyo, Antonio Velasco Piña, fundó la Asociación de Amigos del Tíbet, cuyas principales actividades han sido las siguientes: dar a conocer la cultura tibetana a la sociedad mexicana; ganar admiradores, adeptos y realizar ceremonias iniciáticas; establecer relaciones con dirigentes de escuelas y centros esotéricos, divulgar el lamaísmo mediante la edición masiva de libros, folletos y amuletos, incluso mediante apoyo de radio y televisión; organizar visitas esporádicas de lamas tibetanos a México; así como preparar discípulos que ejercen labores de proselitismo en Europa y Sudamérica.

En 1982 en Tepozotlán, Morelos, se constituyó una comunidad internacional, Huehuecoyotl, inspirada en lo que dieron en considerar ecología profunda, convergiendo ritualidades prehispánicas, folklor regional, orientalismo y esoterismo, meditaciones de gurús y gurumayas, clínicas de purificación alimentaria, e incluso generación de ideas de reivindicación social, que a sí mismos llaman de izquierda.

Para efecto de brindar una perspectiva general, hasta mediados de la década de los noventa, son cuatro los actos considerados más preponderantes del budismo en México:

a) La presencia del Dalai Lama en junio  de 1992, realizando una ceremonia en la pirámide del Sol en Teotihuacán para inaugurar la nueva era chakra, que deberá germinar en México.

b) El establecimiento de un monasterio lama en las faldas del Iztaccihuatl-Popocatépetl. 

 c) La multiplicación vertiginosa de centros de formación y de difusión conceptual en medios masivos de comunicación.

 d) La presentación de Maitreya en la ciudad de Guadalajara en 1994, actual Buda de la Tierra.

Antonio Pozo, Coordinador de la Comunidad Budista en México y Coordinador de los Grupos de Tradiciones en Armonía, ha manifestado públicamente: se trata de realizar nuestro 'servicio' en los subterráneos de las sociedades, una labor de 'catacumbas' (sic) actuales, que ofrezcan a la gente el conocimiento y la vivencia de las 'religiones alternativas', y ahí conjuntar a miles de almas que aprendan a vivir sus divinidades internas.

Un activo propagador mexicano -que llevó a cabo labores de proselitismo en tres continentes- manifestó al desertar, que uno de los argumentos más cuidadosamente reservados por los líderes lamaistas, consiste en afirmar que cualquier aceleramiento destructivo de la moral prevaleciente en México y el deterioro socio-económico, permitirán con mayor facilidad el establecimiento estructural de sus creencias.

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