NEO PAGANISMO
Toda la cultura occidental está fundada en el concepto de un Dios creador que cuida de sus creaturas, y de un hombre inteligente, volitivo y libre, capaz de enriquecer su dignidad personal a través del ejercicio de la ética individual, lograda por el amor y la contribución efectiva con el prójimo.
En este sentido los valores de la civilización se han consolidado alrededor de la fe, la ciencia y la democracia. Religión, educación y política, lo mismo que desarrollo tecnológico y económico son consecuencias de estos principios. Relación entre bien-ser y bien-estar.
El occidentalismo ha constituido un proceso culturizante en la medida en que gradualmente se ha alejado del paganismo. La dignificación de lo humano está entrañablemente ligada a la dignificación de lo sacro.
El Primer Mandamiento de la ley dado por Dios a Moisés en el monte Sinaí dice: Yo soy el Señor. No tendrás otro Dios que a mí (Ex. 20, 2-6).
La Iglesia prescribe que a Dios debemos devoción, oración, adoración, sacrificio, culto y servicio. Siendo los pecados opuestos: la superstición, la idolatría, la adivinación, la irreligiosidad y el sacrilegio.
En superstición incurren quienes creen en un dios falso, o asignan poder divino o milagroso a lo que no lo es. En idolatría, los que ofrecen culto divino a una criatura. En adivinación, los que desconfían de la providencia de Dios y de la libertad humana. En irreligiosidad, los que abandonan la fe sustituyéndola por ritos paganos. En sacrilegio, los que cometen trato irreverente de lo sagrado, usurpan lo eclesiástico o alteran la revelación.
Supersticiones sanantes, cultos a la naturaleza, poderes mágicos, adivinación astrológica, reverencia a maestros ascendidos, pronunciamiento de mantrams, sustitución mesiánica, son algunas expresiones de grave error para la justicia que solo a Dios debemos.
Baste señalar que miles de hombres y mujeres han revivido el culto pagano al sol, acudiendo, como lejanos ancestros, a pirámides y picos rocosos, a celebrar los llamados solsticios o equinoccios de primavera y verano, para cargarse de energía; curiosamente en las fechas religiosas que recuerdan el nacimiento y muerte de Buda.
Cometen grave falta quienes hacen recurrencia a la superstición, a la adivinación, al uso de la magia, a la suerte, a las cartas o a sanaciones rituales, oráculos, teosofía, etc. Porque ofenden la providencia y el poder de realizar milagros que sólo a Dios debemos.
La falsedad racional y la maldad ética del paganismo, consisten esencialmente en suplantar a Dios, al único y verdadero Dios, por diosecillos de piedra o de metal, por astros, por maestros divinizados y budas vivientes.
En la antigüedad el paganismo triunfó totalmente. Toda la humanidad se consternó ante una multitud de falsas divinidades: el sol, la luna, las estrellas, la tierra, el fuego, los muertos, los animales, los ídolos de piedra, objetos y clero todopoderoso. Politeísmo idolátrico, panteísmo, divinización de la naturaleza o de las castas.
El orientalismo inserto en la antesala del siglo veintiuno, representa una vuelta al antiguo paganismo. Un retorno al pasado. Una revolución que puede ser interpretada como anti-intelectual y antilibertaria; contracultural en la proporción en que desconfía del raciocinio, la ciencia, la civilización y la tecnología... Una nueva oleada ideológica.
La sustitución de la filosofía por la mitología y de la teología por la teosofía, nos recuerda la sapiencia de San Agustín (notable filósofo y padre de la iglesia) que predicaba: Existen dos ciudades, colocadas la una frente a la otra, una dentro de otra, coexistiendo; la ciudad pagana en que el hombre quiere reinar solo, independizado de Dios; la ciudad cristiana en la que Cristo es el único Dios... En la ciudad del mundo se contempla el paganismo bajo todas sus formas, culto al poderoso, materialismo, hedonismo, magia, fetiches, mitologías... En la ciudad de Dios se reconoce a éste como creador, al hombre como creatura y a la naturaleza como escenario que hay que respetar y aprovechar con cuidado... En la primera campea la imposición, en la segunda el conocimiento. Frente a las cuales, Ignacio de Loyola señala que, el hombre ha de asumir una de las dos banderas posibles.
En la New Age de Acuario todo es dios... sólo Dios no es Dios. El creador reemplazado por las criaturas... hoy como ayer, paganismo, cuya consecuencia irremisible es y será el eclipse de la virtud por la permisión virtual. Es la vuelta a las castas iluminadas, al relativismo, al vacío, la desesperanza y la desesperación.
Aunque los grupos esotéricos poseen diferencias profundas entre sí -ya que en los extremos, unos se rigen por maharishis y otros por gurumayas al estilo hindú más remoto; o bien, otros hablan de descendencia de culturas mitológicas como las de Atlántida, hermetismo egipcio o helenístico y hasta de invasiones ultraterrestres procedentes del planeta Urintia- en común todos tienen un sistema de maestros e iniciados, actuación discreta o secreta, y un cúmulo de creencias que involucran ego, meditación de vacío, karma, reencarnación, gradualismo iniciático, panteísmo, iluminación, ritos mágicos.
Eugenio Fizzoti, investigador abocado al estudio de nuevos cultos, señala que cada grupo New Age es un género. Estamos frente a verdaderas sectas religiosas, en general de origen protestante o derivadas de cultos orientales... que podrían ser asimiladas a un neopaganismo, como los grupos neodruidas, neoegipcios, ocultistas, espiritistas y de culto a satanás. En este conglomerado figuran también esas religiones ufológicas practicadas por quienes esperan de un momento a otro la llegada de extraterrestres...
Igual que lo fue en tiempos lejanos, los peligros del paganismo contemporáneo han de ser asumidos con los recursos del conocimiento firme, de la lógica, la ciencia, la tecnología, el respeto a la libertad y el reconocimiento a la dignidad de las personas, involucrando todos los ámbitos de la conciencia y la convivencia, aprendiendo a distinguir lo que hay de verdadero, bueno, ético y libertario... para no quedar atrapados en una mera liberación, que sea una nueva y sofisticada forma de servidumbre.
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Jaime Balmes, señala en El Criterio, con rigor intelectual: “Son muchas y varias las religiones que dominan en los diferentes puntos de la tierra: ¿Sería posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto de una misma cosa, no puede ser verdadero a un mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que sí; los musulmanes respetan a Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no pude estar por ambas partes, unos u otros se engañan. Luego es un absurdo el decir que todas las religiones son verdaderas".
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