LA REVOLUCIÓN TEOLÓGICA
En precedente hemos dado por asentado el panteismo brahamanista, el iluminismo budista y el esoterismo lamaísta. Sin embargo, New Age recoge también un cúmulo de conceptos derivados de pensadores de occidente.
Entre los pensadores que más han influenciado en la conformación de esta revolución teológica, pueden mencionarse a Emanuel Swedenborg (1688-1772) en su síntesis de tradiciones esotéricas, base de un cristianismo liberal, erguido exclusivamente en la experiencia de una iglesia al interior del individuo. Hippolyte L. Denizard (1803-?), conocido con el pseudónimo de Allan Kardec, fundó el espiritismo moderno; un sistema de comunicación con los muertos, donde los sueños revelan vidas pasadas y se aceleran reencarnaciones mediante la intervención de mediums. Helena Blavatsky (1831-1890), fundadora de la sociedad teosófica, que sostiene la unidad del todo, la espiritualidad de la materia, la existencia de seres iluminados e iluminadores, así como la espera de un maestro universal; trasladó a Adyar en la India la sede organizativa. Alice Bailey (1880-1949) escribió junto con el tibetano Dhiwal Khul, veinticuatro volúmenes que pronostican el regreso del cristo esotérico a la tierra, una época de paz, potenciada por la música y la danza; es autora de una oración universal o gran invocación que se refiere al punto de luz que habla dentro de los hombres. George Ivanovitch Gardjieff (1866-1949) mezcla elementos del espiritismo y el materialismo, afirmando que los individuos están bajo el influjo de los astros y de la necesidad de despertar a los hombres del letargo que los aturde.
Reiterpretando a su modo a psicólogos, New Age simplifica y manipula, los impulsos sexuales del inconsciente de Freud, el inconsciente colectivo y el yo profundo de Jung, la autorrealización de Maslow y el transpersonalismo potenciado mediante estados psíquicos alterados, en los que incluso se acepta el uso de drogas.
De modo también sesgado, New age ha tomado porciones conceptuales de algunos filósofos: Leibniz (1646-1716) con su teoría de las mónadas. Hegel (1770-1831), que sostiene que el absoluto dentro de sí otorga conciencia y autonomía al ser. Schopenhauer (1788-1860) y su pesimismo por el que la satisfacción de las necesidades y la felicidad son por naturaleza negativos, mientras el dolor y la privación son positivos. Nietzsche (1844-1900), autor de Así Habló Zaratustra, La Voluntad de Domino y El Anticristo, en que sostiene que el superhombre y el poder logran liberar de la benovolencia cristiana, prevaleciendo un nihilismo donde cualquier acto moral dé lo mismo.
En lo físico-astronómico, New Age reinterpreta a Stephen Hawking, donde la obra de Dios o la ausencia de Dios, carecen de importancia para conocer el universo; una gran unificación cosmográfica, sustituiría la física cuántica y la teoría de la relatividad.
En lo político y militar, resulta sorprendentemente dramático que svástica sea una voz y un símbolo sánscrito, que Adolfo Hitler adaptó como bandera del Partido Nacional Socialista. Un mago de nombre Chao Kring introdujo al líder nazi en el ocultismo tibetano cuyos conocimientos conducen a la religión secreta, al poder de la mente, al dominio del mundo y a las teorías de la superioridad de la raza aria. Se refiere a la doctrina Bon, al pleno dominio de los poderes de la fuerza y la magia. Por sus biógrafos es sabido que Hitler envió a sus astrólogos a Lasha para ser capacitados. El escudo del reino del Tercer Reich, que debía durar mil años, no es otro que el de la sociedad Thule de la secta Bon. De sus consecuencias ni siquiera es necesario hacer mayor comentario.
También en el ámbito de lo político, resulta paradójico constatar, que en particular, prevalece la moda de que las esposas de altos funcionarios públicos, y ellos mismos, sean ahora asiduos participantes de estos movimientos.
¿Cómo es que muchos en occidente han incurrido en profundas aberraciones? ¿Sucedió de golpe o gradualmente? ¿Cómo se gestó el paganismo práctico que actualmente se vive?
Max Scheller -uno de los filósofos más brillantes del siglo- afirma que los hombres, como las sociedades, evolucionamos o involucionamos, pasando en la línea de la perfección de ser agradables a buenos, finos y santos, y en la desperfección de desagradables a malos, vulgares y profanos. Bajo su apreciación, lo que existe en los individuos y en las sociedades, es un proceso sucesivo de mejoría o de perversión.
En este sentido la humanidad en occidente ha pasado de considerarse un ente referido y creado por Dios, a un antropocentrismo racionalista, empirista y materialista, que ha conducido a las violencias más extremas, hasta desembocar nuevamente en un laicismo que está adquiriendo matices nuevamente paganos. De la religiosidad al indeferentismo, y de éste al ateísmo.
Acerca del desarrollo y características del neopaganismo, escribe lo siguiente Monseñor Fulton J. Sheen: La historia del nuevo paganismo es la historia del hijo pródigo. El hijo menor de la parábola evangélica es la civilización occidental. La que en el siglo XVI se presenta ante el Padre espiritual de la cristiandad y le pide una parte de la herencia y patrimonio acumulado durante siglos. El Padre espiritual dio a occidente una parte de ese patrimonio en forma de necesidad de una Iglesia, la Divinidad de Cristo, la inspiración en las Sagradas Escrituras, la existencia de Dios y la necesidad de la religión. Pero en el curso de las últimas cuatro centurias, occidente ha dilapidado esa herencia. En el siglo XVI perdió su creencia en la Iglesia, en el XVII su creencia en la inspiración de la Sagrada Escritura, en el XVIII su creencia en la Divinidad de Cristo, en el XIX la creencia en la existencia de Dios, y en el siglo XX la creencia en la necesidad de la religión... En el día de hoy, el patrimonio está agotado y la civilización occidental se está alimentando de cáscaras, que se llaman Ôpensamiento nuevoÕ... Muchos de los más renombrados predicadores no enseñan sino la glorificación de lo humano y son poquísimos los que se atreven a hablar de justicia divina o de la resurrección. En consecuencia, los católicos (de hoy) estamos obligados a dar la batalla defendiendo la verdad cristiana, y esto es lo propio en la historia del cristianismo actual.
Se habla de revoluciones teológicas cuando la sociedad ha quedado presa de la degeneración sucesiva provocada por el racionalismo, el hedonismo y el materialismo. Una pendiente que conduce a una revolución teológica, a una espiritualidad al revés. Una espiritualidad que vuelve al culto de cualquier cosa que no sea Dios. Un paganismo referencial. Una militancia en lo oculto y misterioso. Una apostasía general y en muchos casos consciente. Una desobediencia voluntaria y con pleno consentimiento a la ley divina.
En este declive el satanismo sería la última de las revoluciones teológicas posibles; un misticismo inverso al orden natural y sobrenatural, que tendría ideas rebuscadas que llevarían a erguir por cabeza a Lucifer, rey del abismo, el anti-dios, el que quiere gobernar en una nueva era, el que pide se le reconozca como el máximo espíritu o punto de luz que desde dentro seduce al hombre diciéndole: Ve las maravillas que hago, Dios las ha prohibido porque no quiere que seamos como ƒl; tú puedes hacer tus propios milagros, tienes una mente poderosa, aprende a dominar las fuerzas misteriosas, libérate del yugo de tu conciencia, prueba del árbol del bien y el mal, y entonces veréis que seréis como dioses.
El P. Marcial Maciel, L.C. afirma esta transformación del mundo contemporáneo en su obra La Caridad Evangélica: ...el mito rojo ha dado paso al mito verde... El mundo se ha librado del ateísmo de estado; pero se ha quedado con otro mucho peor: el ateísmo del nuevo paganismo, que en el lugar de los grandes valores cristianos coloca sus nefandos anti-valores. Una negación de Dios que es, paradójica pero consecuentemente, la más radical negación del hombre... Asistimos a un proceso no sólo de degradación, sino de autodestrucción de la civilización occidental. Gradualmente se va imponiendo lo que el Papa ha llamado cultura de la muerte.
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