Vivimos un periodo de transición. En los últimos años de nuestra centuria, una civilización muere y otra nace, en ideas y actitudes. La nueva generación desconfía y se aleja, a pasos agigantados, del mundo de violencia y constricción de sus ancestros. La humanidad está cansada de avejentados esquemas ideológicos.
En voz de una nueva corriente de pensadores, el mundo del siglo XXI tiene que ir ganando espacios de libertad y dignidad para el Hombre. Se trata de convocar a una empresa enorme de "humanización" de las estructuras. Esta tarea requiere de un estado de ánimo optimista, y también de la capacidad de concretar en los hechos sencillos y cotidianos.
El "humanismo" se está convirtiendo en una corriente filosófico-histórica, en la que se resuelven los enfrentamientos especulativos. La comprensión de lo que somos nos puede permitir contemplar, respetar y vivir la dignidad que poseemos y poseen los demás. En esta perspectiva el hombre descubre su valor y sentido dentro del cosmos, el desarrollo que le corresponde y el ordenamiento natural de la sociedad. El humanismo restaura la dignidad del hombre y de todos los hombres. Dignidad radicada en la misma naturaleza humana y acrecentada por la comprensión y vivencia de nuestro origen y fin trascendentes.
La hermandad de los hombres y la armonización de sus relaciones, ha dependido siempre del grado de plenitud de la; libertad individual y social, y de la moralidad de la conducta. La unidad y la paz son consecuencias de la participación armónica de las desigualdades humanas naturales, y de la disminución profunda de las desigualdades arbitrarias.
Estas cuestiones de actualidad son abordadas en PERSONA HUMANA. Se presentan con jovial sentido filosófico y con gran amor por la verdad del "hombre". Se trata de un pensamiento abierto y doctrinal, alejado de las ideologías, individualistas y colectivistas. Apasionado por lo humano, Jorge Ortega Ibarra es un heraldo del auténtico humanismo que está germinando su señoreo en una humanidad rejuvenecida, la cual en breve sustituirá la fenecente época antihumana e indigna que tantos males ha propalado.
El nuevo mundo que el autor avizora es viable. Hombres con este pensamiento lo están construyendo.
EL EDITOR
EL HOMBRE, PUNTO DE PARTIDA.
Desde la perspectiva de la Filosofía de la Historia, el saber humano olvidó por más de cinco siglos que el hombre es un ser creado y referido a Dios. Desde el renacimiento comenzó esta autodestrucción al endiosarse el hombre a si mismo en un antropocentrismo que llevó a ceder ante las pasiones y arrebatos instintivos, y por último, al erguir a la materia en la única dimensión de la existencia. Del racionalismo soberbio al empirismo liberal y al materialismo dialéctico, la vida de muchos quedó reducida a una "pasión inútil", insatisfecha por la marginación socioeconómica, el autoritarismo, la vanidad y el consumismo.
Poco a poco quedamos capturados en el anqullosamiento laico, atrapados en un callejón sin salida, que probó brutal y sobradamente sus errores durante la primera mitad del siglo XX, con las criminales expresiones de odio, violencia y vicio, jamás conocidas.
En función de romper con ese pasado próximo y de encontrar caminos de sobrevivencia, "la humanización" de nuestro tiempo y circunstancias, se presenta como un reto personal y generacional.
Podemos y deseemos rehallar el sentido de la historia, y esto supone recordar "el precepto que está escrito en el frontispicio del templo de Delfos: "conócete a ti mismo".
Absortos con el mundo exterior a nosotros mismos, abandonamos durante mucho tiempo lo propiamente nuestro. El estudio científico de los fenómenos y su dominio ecnológicomereció una atención desbordante y justificada, pero su valoración fue extralimitada, pues los avances de "antropología filosófica", y conocimientos afines, quedaron relegados a un plano secundario.
Ya lo había dicho el viejo Sófocles: "el mundo está lleno de maravillas, pero nada es tan maravilloso como el propio hombre".2>
En el mismo sentido uno de los más notables filósofos de nuestra época, Etienne Gilson, expresa con cierto reclamo que "de todas las obras de Dios ninguna es más importante de conocer que el hombre".3
"Durante miles de millones de años, el universo evoluciona, se organiza, aumenta en perfección y riqueza. Nacen especies; se transforman, desaparecen. El clima, las estructuras geológicas y atmosféricas, las especies animales y vegetales, todo parece tender, en su evolución y lucha contra los obstáculos a un fin determinado. Uno cree que está asistiendo a una grandiosa representación del formidable impulso de la evolución creadora a través de millones de años. Cuando parece haber llegado la plenitud de los tiempos, y todo se dispone a recibirlo, hace su aparición un ser único en su género: el hombre".4
A fin de ser justos con nosotros mismos, es decir, darnos y reconocernos lo que nos corresponde,tenemos que partir del "principio" de que el hombre es el actor y sujeto de la historia, de la consideración de que la persona es la unidad fundamental del desarrollo social. "Esto significa que el conocimiento del hombre, de su naturaleza y de las posibilidades reales de sus manifestaciones debe llegar a ser uno de los datos básicos para toda planificación social".'5'.
Debemos tratar al hombre en toda su "integridad", reconociendo que su dignidad y libertad están por encima de la pedantería y el arbitrio de cualquiera. Porque su desarrollo y perfección solo se logran enel ejercicio de sus posibilidades de elegir. "La libertad es la característica principal de la realidad humana porque el hombre está llamado a realizarse a si mismo, porque está por ser lo quees. Su pérdida entraña para aquella una verdadera decadencia metafísica".'5'
Otro extraordinario pensador de nuestro siglo, Max Scheler afirmaba que "el hombre no es el rey y señor de la creación sino en cuanto no es reductible al orden biológico, en cuanto hay en él una realidad diferente y superior a la vida. A esta realidad nueva, que constituye su rasgo distintivo,la llamamos espíritu. Inclusive debemos decir que el hombre es tal porque es espíritu, y en la medida en que lo es".'7'
Los paleontólogos han descubierto cráneos que resulta difícil decir si pertenecen al hombre en su primer estadio de evolución, o a un animal que hubiera alcanzado la cúspide de la suya. En realidad, el hombre no hace su aparición en el universo sino con la aparición del espíritu.
Seguramente, en vivencia del "yo concreto", diferiremos en apreciaciones y puntos de vista, lo que es y será propio si no dejamos de reconocer, que independientemente de las opiniones que cada uno sustente, "todos estaremos generalmente de acuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en función del hombre, centro y cima de todos ellos".
Si de verdad estamos preocupados por la marcha de nuestras vidas y por el destino social, tendremos que estar absolutamente dispuestos a conocer lo que de verdad somos y lo que podemos llegar a ser.
Esperar tiempos mejores significa estar decididos a trabajar por un "humanismo social" que vitalice el desarrollo integral de las sociedades. Si hemos de alcanzar el siglo XXI, habremos de promover los valores inherentes de la persona humana. Los casos de injusticia, de los que ahora somos testigos, no perdonarán nuestra indiferencia.
Con criterio de practicidad y con existencias concretas, escapemos de la sentencia cantada por Dante Alighieri a los ciudadanos del mundo de todos los tiempos: "Los lugares, más abrasadores del infierno, están destinados para aquellos que en momentos de grave crisis moral,guardaron indiferencia".
Las batallas de principio y el mismo resultado final de los sistemas sociales, se debaten y resuelven en el enfoque "antropológico". Una generación y localidad serán lo mismo que piensen que son o pueden ser. Los cambios políticos han sido siempre, antes, cambios en la perspectiva de lo que se entiende por "hombre".
Cuando se adquiere consistencia en la ontología, la metafísica y la ética del hombre, es decir, cuando cada uno descubre lo universal de si, los esquemas ideológicos pierden toda fuerza, por su frugalidad y relativismo. De donde resulta una recomendación: "ante las ideologías del mundo, tú milita en la filosofía del hombre y en la filosofía social, así evitarás se te califique de faccioso y ofrecerás puntos de convergencia a donde se diluyan los enfrentamientos".'9'
Respetemos al Hombre. Humanicémonos, humanizando las estructuras familiares, sociales,económicas y políticas. . . que el hombre sea nuestro punto de partida.
(1) PLATON. Alcibiades o de la Naturaleza dei Hombre. Obras Selectas de Platon, pág.173. Editorial Valle de México, 1976.
(2) C.M. BOWRA. La Grecia Clásica, pág. 18 Time-Life. Amsterdam 1977.
(3) ETIENNE GILSON. Elementos de Filosofía Cristiana, pag. 216. RIALP, a Madrid 1977.
(4) IGNACE LEPP. La Existencia Auténtica, pág. 18. Ediciones Carlos Lohle, Buenos Aires 1971.
(5) ERICH FROMM. La Revolución de la Esperanza, pág. 101. Fondo de Cultura Económica. México 1982.
(ó) IGNACE LEPP. Op. Cit., pág. 65.
(7) MAX SHELER. El Puesto del Hombre en el Cosmos. Colección Los Filósofos Modernos, Tomo 11, pág. 279. B.A.C. Madrid 1983.
(8) CONSTITUCION GAUDIUM ET SPES, 12.
EE PUESTO DEL HOMBRE EN EL COSMOS
Cuando nos asomamos al balcón del universo y contemplamos la majestuosidad del cosmos, quedamos verdaderamente admirados. La existencia que nos envuelve es de suyo fascinante. Y ello no es nuevo. La literatura de todos los tiempos no se cansa de testificar la admiración de los hombres por la realidad circunvalente. Tan absorto quedaba el primitivo al descubrir un paraje hasta entonces inexplorado, como hoy un astronauta al introducir su mirada por el lente de un telescopio instalado en orbita.
La existencia ordenada del cosmos está fuera de toda duda, no puede quedar en entredicho, pues es evidente. E1 equilibrio cósmico es total. Su veracidad es asequible a cualquiera. Pero, ¿a qué le conduce saberse inmerso en esa realidad cósmica? ¿Qué consecuencia es capaz de desatar en el ser humano? La respuesta es sencilla y contundente:
"La razón nos dice que no hay efecto sin causa. vemos un edificio, un cuadro, una escultura; al punto se nos ocurre la idea de un constructor, de un pintor, de un escultor, que hayan hecho esas obras. Del mismo modo, al contemplar el cielo, la tierra y todo cuanto existen, pensamos quetodo ello debe tener alguna causa; y a esa causa primera del mundo, le llamamos Dios. Luego por la existencia del universo, podemos demostrar la existencia de Dios"."°, En efecto, la razóninvariablemente concluye: Que el universo no ha podido hacerse a si mismo; que no es fruto de la casualidad; y que no ha existido desde siempre, a pesar de que en él hay dinamismo yregeneración intrínsecos.
(10) P. A. HILLAIRE. La Religión Demostrada, pág. 3. Editora Latino Americana. México, 1964.
El universo en conjunto, compuesto de una formidable diversidad de seres a los que llamamos"naturales", está caracterizada por una permanente sujeción a relaciones de causa y efecto, a las que llamamos "leyes". Estas leyes, producen una unidad permanente que nos permite saber que la naturaleza se encuentra en orden; o dicho de otra forma, que hay un orden en la naturaleza.
El orden del universo da sentido, relación y armonía a partículas de polvo, vegetales, animales,hombres, planetas y sistemas estelares. Pero ¿cuál es su relación y orden jerárquico?
La ciencia ontológica muestra que los distintos seres pueden ser clasificados en cuatro diferentes niveles. Esta jerarquía es una abstracción que obedece al grado de perfección que poseen en relación con otros de su misma o análoga especie, y en relación también con seres cuya sustancia es específicamente diversa. Esta escala de los seres es una clasificación de las especies, que yendo de la más elemental a la más perfecta es de la manera siguiente:
4°. Ser material 3 °. Ser vegetal 2°. Ser animal 1°. Ser humano
Evidentemente cada una de las especies señaladas en esta escala, está íntimamente relacionada con su o sus predecesoras: así, el vegetal es material pero también es un organismo vivo. El animal es material, pero posee de la misma manera potencias vegetativas y las propiamente bestiales. Y en el culmen de la escala, el hombre se halla como el más perfecto y complejo de los seres naturales, por ser ontológicamente animal, vegetal y material.
Esta escala de los seres nos pone de relieve el abismo que separa un nivel de otro. De su análisis secomprende la radical diferencia entre la materia muerta y la materia viva, entre la inanimada y la animada, y entre la instintiva y la racional.
Y sin embargo, no solo estamos insertos entre seres naturales. Vivimos sobre la superficie de un planeta, bajo una capa atmosférica, rodeados de montañas hermosas que emergieron de losmares, acompañados de plantas y de bestias de las más variadas cualidades. Pero los hombres no sólo nos hemos conformado con este impresionante marco natural. Desde que el hombre es hombre, nos hemos esforzado por modificar el medio ambiente con la aportación de una multitud de bienes artificiales que hemos logrado producir.
El ser natural no es una novedad, lo verdaderamente nuevo es que con la participación humana, la historia ha tenido que recoger la existencia de lo artificial. El hombre, que en si no es un "creador", se ha erguido como un empeñado "transformador", modificando lo que de modificable tienen los seres, en vistas a un fin que él mismo les ha determinado. El marco universal se ha ampliado y enriquecido.
En este sentido, el hombre se ha abocado empeñosamente a trabajar en la perfección de sí mismo y de cuanto le rodea. Dentro de si, hay un "microcosmos" en expansión. Sus afanes de perfección y perfectibilidad son imperativos constantes de su esencia.
El hombre sabe y reconoce que cuando nace, no es todo lo "hombre" que puede llegar a ser. Tiene conciencia de su libertad. De su constante necesidad de elegir: "Cuando decidimos libremente y elegimos, llenos del sentido de nuestra vida, somos conscientes de no debernos a nosotros mismos"."
San Anselmo de Cantorbery (1033-1109), abad del monasterio de Bec en Normandia e iniciador de la escolástica, afirmaba que la perfección no es de "suyo" algo que esté e el hombre, porque lo
"Perfecto" está fuera de él. . . Si e hombre "busca" continuamente la mejoría y la perfección, significa que es "movido desde fuera" a esa perfección. L que manifiesta su íntima y necesaria relación con ese Se Primero.
En lo humano la libertad es camino de perfección. "S estamos ciertos de nuestra libertad, pronto se da un segundo paso en el conocimiento de nosotros mismos: el hombre es un ser referido a Dios. . . Cuanto más propiamente libre es el hombre, tanto más cierto es Dios para él '2' Dios está al principio y al final de lo natural, al principio y al final de lo humano... Querer entender de fondo al hombre implica estar dispuesto, también, a buscar y reconocer a ese Ser.
Esas aspiraciones continuas—individuales y sociales—de ampliar la libertad humana no son sinopropósitos de trascender, de ir más allá de si, de alcanzar algo, de aspirar a una dimensión más allá de la suya. No sin razón el hombre no es sólo corruptibilidad y contingencia; es también perfectibilidad y trascendencia.
Tratar al hombre supone estar dispuesto a dejarle vivir sujeto de su propio destino, dejarle correr los riesgos de su personal existencia. Y desde luego, consecuentemente, no ha de extrañarnos que entre la seguridad programada y la incertidumbre que entraña la libertad, los hombres siempre preferirán los riesgos de esta última.
Movido por impulsos sensibles, afanes materiales, propósitos espirituales, estará siempre el hombreocupando su lugar en el universo. Encontrar este nuestro puesto cósmico implicaría en todos los casos, descubrirnos enraizados en la contingencia y proyectados hacia lo trascendente.
Ese es nuestro drama humano: ser y aun no ser de alguna forma. Ser todo y nada. Vivir la plenitud y la indigencia. Participar de la doble dimensión de lo natural y lo sobrenatural. . . Nuestro puesto está anclado, quiérase o no a la doble dimensión de lo temporal y lo eterno.
(11) KARL JASPERS. La Filosofía, pg. 54. Fondo de Cuitura Económica México 1974.
EL HOMBRE ES UN SER DIGNO
Por más insignificante que pueda parecer en comparación con el cosneos, el hombre no es una pieza más de la maquinaria universal. Tampoco, por mayores depravaciones que alguno cometa, puede el hombre considerarse como un simple ejemplar de una especie animal desarrollada. . . No es una criatura más; es mucho más que esto.
Nadie puede negar que nuestro género próximo nos relaciona con las bestias, y que nos movemos, reaccionamos y tenemos requerimientos análogos. Pero obviamente no estamos sólo limitados por esta condición.
"El hombre es un animal; su anatomía y su fisiología lo manifiestan de manera inequívoca. Pero también es igualmente cierto que, por muy animales que seamos, la cosa no llega a tanto que resulte inevitable el pesimismo de tener que abdicar de nuestra categoría de personas".3>
Por efecto de las tesis evolucionistas, muchos han encontrado manera de esquivar sus
responsabilidades conceptuales: unos, desechando una causa común al universo, haciendo acto de fe en la evolución de las especies, desdeñando sus consecuencias morales. Otros, haciendo acto de fe en un Dios creador, eluden la posibilidad de que ese mismo creador haya establecido en la naturaleza de los seres un elemento dinámico de selección y desarrollo genético. Unos y otros temen a las coincidencias de la ciencia, la filosofía y la teología.
(13) ANTONIO MILLAN PUELLES. Sobre el Hombre y la Sociedad, pag 91. RIALP. Madrid 1976.
El hombre posee, en ciertos aspectos, una presencia fisiológica y anatómica superior al de otras especies. Puede no ser tan fuerte, pero tiene manos diestras; tal vez no corra rápidamente, pero va erguido; su audio no es aguda, pero si rítmica; la memoria puede no ser la del paquidermo, pero puede asociarse al servicio de los procesos de relación y síntesis.
Que morfológicamente haya evolución en el hombre, no, implica que el hombre haya llegado a"ser" tal por simple evolución. Pues su nota distintiva es el ser espiritual. Y el espíritu no procede de la animalidad sino del "espíritu". La vieja regla lógica de que "nadie a lo que no tiene", prevalece. Seguirá siendo inadmisible que el espíritu humano proviniese de la evolución.
La conducta del hombre difiere del comportamiento animal en que aquélla obedece al instinto, mientras que ésta actúa como consecuencia de sus propias ideas, propósitos y decisiones.
El hombre posee una naturaleza racional. Platón, afirmó que la racionalidad cuyos productos son ideas abstractas o concretas por su universalidad e intemporalidad, permite deducir que existe alguna intemporalidad y eternidad en el hombre a la que llamamos espíritu, que le convierte en unaespecie absolutamente diferente. Esta permanencia intelectual es en definitiva y en definición su diferencia específica, y no una simple masa o peso craneal, que son medio más no causa de suinteligencia.
En consecuencia, el "hombre concreto" delibera, decide y actúa, perteneciéndole sus actos, por cuanto él mismo los orienta hacia multitud de fines propios.
Como hombre concreto posee una "individualidad", una unidad de cuerpo y alma, inteligencia y voluntad, reunidos en unidad sustancial que hacen un "todo" único, indivisible, capaz de desarrollar una existencia propia, completa y autónoma, que puede en la libertad responder en el mismo sentido de su naturaleza racional, o incluso, contra ella así no puede dejar de ser, un "ser" de valores, un ser de axiología y moral, y por ello de responsabilidades.
De esto, tres conceptos se muestran evidentes en la experiencia cotidiana de hombres:
a) Poseemos una naturaleza superior, a la de las demás, b) tenemos un origen y un destinotrascendente, c) estamos sujetos a un orden natural ético jurídico.
La naturaleza y peculiaridades del hombre le conceden una posición de jerarquía natural, a la quellamamos "dignidad". Dignidad que, desde luego, no es forma retórica o arrogancia autocalificadota.
Afirmar que el hombre sea un ser "digno" consiste en aceptar nuestra realidad, valor y posibilidades especificas.
LA DIGNIDAD RADICA EN SU NATURALEZA
Aristóteles, en su libro de La Política, define al hombre coma un animal racional. Una definición insuperada, como ente que participa de las potencias propias de las bestias y también de las espirituales. El hombre, bien entendido, no está formado solamente de animalidad ni tampoco de simple espiritualidad, es la síntesis de ambas, es una "sustancia" diferente a sus componentes.
El hombre no puede ser entendido cuando pretendemos imaginarlo en conjunción de alma y cuerpo "sobrepuestos", ni cuando "exageramos" alguno de sus elementos. "El hombre no está constituido por una naturaleza puramente espiritual, sino por la síntesis de una naturaleza corpórea y de una naturaleza espiritual".'4'
Un realismo moderado en filosofía, nos conduce a ver en el hombre, una unidad sustancial en que lo animal y espiritual se funden para no poder prescindir uno de otro.
El alma humana es la forma del cuerpo. "Es el alma la que hace del cuerpo, un cuerpo humano, y ambos, alma y cuerpo, son una sustancia".'5' No es posible dejar a un lado el cuerpo o el alma, o alguna de sus potencias respectivas, es necesario reconocer a todas y jugar con la participación proporcional de ellas, el destino humano.
En tanto animal, el hombre posee un cuerpo material, dotado de vida sensible y de animídad instintiva: Participa de las potencias propias de lo material, vegetal y animal. así, el hombre ocupa un lugar, tiene un peso y un volumen, goza de una vida biológica en la que se relaciona y asimila el mundo exterior, se mueve, se fatiga, lucha por su sobrevivencia, se reproduce, etc.
(14) JESUS GARCIA LOPEZ. Los Derechos Humanos en Santo Tomas de Aquino, pág. 18. Universidad de Navarra. Pamplona 1979.
(15) F. C. COPLESTON. El Pensamiento de Santo Tomás, pág. 175. Fondo de Cultura
Económica. México 1976.
Pero en tanto que posee un alma espiritual, se ufana por gozar de los atributos propios de los seres meramente espirituales. Así, el hombre tiene el privilegio de participar de la potencia "intelectual", cuya función es el conocer y cuyo objeto es la verdad; participa también de la "voluntad", cuya función es querer y cuyo fin es el bien; y disfruta, de la misma manera, de la "libertad" a través de la que elige entre dos bienes el mejor o entre dos males el menor.
Es verdad que algunos han considerado que la corporabilidad del hombre trae consigo una serie delimitantes graves, de tendencias hasta cierto punto desordenadas; pero al mismo tiempo, a esos mismos pensadores parece como si se les escapara hacer hincapié suficiente en la ilimitación y la proyección que supone su realidad espiritual que encuentra su plenitud humana en la posibilidad de "amar".
POTENCIA FUNCION OBJETO
Material Ocupacional La permanencia
Espacio Temporal
Vegetal BiológicoVivencial La vida
Animal Instintivo Sensitiva
La sobrevivencia
y la relación por los sentidos
Inteligencia Cognosciva La verdad
Voluntad Volitiva El bien
Libertad Electiva La elección de lo mejor
Podríamos extendernos en este respecto, pero queda todavía una incógnita fundamental por despejar:¿Qué sucede en la relación de corruptibilidad del cuerpo e intemporalidad del alma? Platón—idealista—pensaba que siendo el cuerpo una cárcel del espíritu, la muerte no constituía sino la ruptura del aprisionamiento. Aristóteles—realista—sostenía que el alma, a pesar de estar sustancialmente unida al cuerpo, subsistía a la muerte de éste. El cristianismo y varios siglos de historia, encontraron en boca de Tomás de Aquino una respuesta espléndida que si bien posee un sustrato teológico, no puede dejar su asiento filosófico: "El cuerpo sin alma no es un cuerpo hablando estrictamente, es un agregado de cuerpos como se manifiesta rápidamente en la desintegración que se presenta después de la muerte. Y aunque el alma humana sobrevive a la muerte, no es, en términos estrictos, una persona humana cuando está separada del cuerpo; pues la palabra 'persona' significa una sustancia completa de naturaleza racional.16)
La revelación, no sin razón, enseñará que a la muerte sobrevendrá la Resurrección, que se hará justicia a la vida de los hombres y se realizará en esa conjunción de cuerpo y alma. En este sentido, las palabras contemporáneas de Juan Pablo II son profundamente orientadoras: "El hombre no está contenido completamente en estos limites, porque no puede morir definitivamente"'7'
Pero, ¿a qué nos ha conducido este bosquejo de la ontología del hombre? Respondamos con sencillez: a aseverar que la naturaleza del hombre afirma la dignidad de la persona humana, porque su estructura ontológica específica no puede menos que traerla aparejada. Es decir, el hombre es ya un ser digno, por el mero hecho de serlo.
"Hay que decir que la dignidad que todo hombre tiene por el hecho de serlo, constituye una determinación axiológica formal, independiente de los contenidos de la conducta".'S, Por ello, la "dignidad ontológica del hombre" no es un calificativo ético logrado por cierto tipo decomportamiento, sino propiamente una estructura óntica que se basa en la racionalidad y libertad del ser humano.
(16) F. C. COPLESTON. Op. Cit., pág. 18.
(17) GIOVANNI PAOLO 11. Cinque discursi agli universitari, pág. 22. Edizione Ares. Milano 1979.
(18) ANTONIO MILLAN PUELLES. Op. Cit. pag. 98. 22
LA DIGNIDAD SE ACRECIENTA POR SU ORIGEN Y FIN TRASCENDENTES
El cura de Ars había dicho: "Nada tan grande como el hombre si se mira su alma nada más pequeño si se mira su cuerpo"."9' Aquel santo, ai que la naturaleza dotó de serias restricciones, logró sinmayores pretensiones definir admirablemente la indigencia inicial del hombre, que desde su nacimiento arrastra su grandiosidad espiritual y fragilidad biológica. En comparación con otras especies animales, el hombre se presenta con una precariedad obvia, pues su debilidad corporal limita sus posibilidades de subsistencia, desarrollo y defensa, muy especialmente durante la infancia. Su superioridad no la encontraríamos en orden a su materialidad. Es la racionalidad la que puede llevarle a grandes logros.
La reflexión filosófica y la revelación judeocristiana nos enseñan que el hombre es un ser creado en la participación armónica de Dios, que infunde el alma, y de los padres, que engendran el cuerpo. Es decir, a diferencia de cualquier otro ser, Dios es creador directo de cada hombre en cuanto que el alma espiritual sólo puede proceder de él. "San Bernardo de Claraval—siglo Xl—lo había dicho así: el alma humana al ser creada es infundida y al ser infundida es creada".'20'
Baste citar aquellas palabras del Génesis en que nos es legado el sentido de divinidad y amor que Dios infunde en su criatura: ''Dijose entonces Dios: hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra y creó al hombre a imagen suya. A imagen de Dios le creó, y los creó macho y hembra".'2"
(19) J. ALVAREZ DEL CASTILLO. Frases y anécdotas de hombres célebres, pág. 84. Ed. Divulgación. México 1962.
(20) EDUARDO HUGON O. P. Las veinticuatro tesis tomistas, pag. 105. Ed. Porrúa. Mexico 1974.
(21) Génesis 1, 26‑28. 23
La dignidad del hombre procede de su origen, de su "eficiencia en el Creador. Su causa no es sólo inmanencia, es también trascendencia en cuanto que es traído a la existencia mediante la insustituible intervención divina. Debido a esto, el concepto de hombre, únicamente puede explicarse cuando se le encuentra en relación con su Creador. Fuera de El, alejado de El, carece de valor, de significado completo.
Como efecto de su origen el hombre puede ser llamado sin temor a dudas, un "ser digno", porque en cierta manera, es un ser que participa gratuitamente de dones que fuera de él sólo corresponden a Dios.
Por lo tanto, además de la dignidad ontológica propia del hombre, su dignidad se acrecienta cuando sabemos que por origen somos creación de Dios.
Más el hombre, no puede tratarse a si mismo, como si careciese de un destino temporal vinculado a uno eterno. De la misma manera como el arranque existencial del alma individual requiere de la intervención divina, persiste durante toda la vida humana, la tendencia y la búsqueda de Dios como fin, también, existencial.
Dios es fin del hombre. "El hombre está ordenado a Dios como su último fin para poseerle por el conocimiento y el amor (22)
Hay así en el hombre un destino temporal íntimamente unido a uno sobrenatural. El hombre para morir bien ha de vivir bien. Debe cuidar del desarrollo y perfección de todas sus facultades, pues en ello radica su felicidad temporal y su dirección eterna. El hombre sabio y prudente es el que vive plenamente, sin desperdiciar los recovecos de su existencia, todo él es un fluir y refluir continuo en vistas a su fin último.
"La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios".423 Dice San Pablo: "haec est voluntes Dei: santificatio vestra"—esta es la voluntad de Dios: vuesta santificación—. La santificación es Agustín de Hipona tuvo mucha razón al pronunciar aquella famosa frase: "Porque nos criaste para Vos, está inquieto nuestro corazón,hasta que descanse en Vos".24'
(22) LEON Xlll. Encíclica Rerum Novarum. 15. (23) CONSTITUCION GAUDIUM ET SPES. 19. una vocación universal, una meta asequible a la naturaleza humana que se esfuerza en un continuo comenzar y recomenzar de la vida menuda.
La santidad no es la cumbre de algunos contados hombres, predestinados o semideshumanizados.No; independientemente de las apreciaciones y las creencias, la santidad es la meta universal del género humano. La "visión beatífica" constituye la causa por la que bien ha valido —en ellogos Divino—el riesgo de nuestra propia libertad, e incluso el riesgo de la que llamamos "condenación" de algunos.
"En mi naturaleza se me da un esbozo de la perfección que debo realizar. De lo que soy—espíritu encarnado—deduzco lo que debo ser. Soy un ser viviente, cognoscente, dotado de actividad físico espiritual. . . El progreso en el dominio del conocer me alegra, en cuanto avance en la penetración del ser; y me entristece, en cuanto impotencia de avizorar la realidad infinita del ser. Lo limitado me acongoja. Busco lo absoluto y no lo encuentro en los bienes de la tierra. La posesión cognoscitiva de los objetos, los lazos de amor y de amistad, los vínculos de la comunidad me desarrollan, pero no me satisfacen en plenitud. Mi corazón sigue inquieto. Sólo en lo absoluto, en Dios, puedo encontrar mi perfección".25'
"Ya podrá el hombre lograr los éxitos más espectaculares en el terreno social, en la actuación pública, en el quehacer profesional, pero si se descuida interiormente y se aparta del Señor, al final habrá fracasado rotundamente.. Por eso conocéis a tantos que, juzgando a lo humano su situación, deberían sentirse muy felices y, sin embargo, arrastran una existencia inquieta, agria; parece que venden alegría a granel, pero arañas un poco en sus almas y queda al descubierto un sabor acerbo, más amargo que la hiel. No nos sucederá a ninguno de nosotros, si de veras tratamos de cumplir constantemente la Voluntad de Dios, darle gloria, alabarle y extender su reinado a todas las criaturas".26'
(24) AGUSTIN DE HIPONA. Confesiones 1.1.
(25) AGUSTIN BASAVE FERNANDEZ DEL VALLE. Metafísica de la Muerte, pág. 36. Limusa. México 1983.
(26) J. ESCRIVA DE BALAGUER. Amigos de Dios, pág. 40. Ed. Rialp. Madrid 1978.
La dignidad, pues, adquiere en el hombre un carácter auto constructivo cuando se halla vinculada al quehacer histórico de la persona. En este sentido, el hombre será, por nacimiento, tenedor de una dignidad ontologica. Pero en relación a su propio desarrollo que va concretando teleológicamente, el 4 hombre será capaz de adquirir una dignidad metafísica.
LA DIGNIDAD SE PERFECCIONA POR SU SUJECION AL ORDEN MORAL NATURAL
Hasta ahora hemos hablado de los ámbitos ontológico metafísico de la dignidad humana. Es cierto que el hombre e poseedor de una supremacía peculiar en cuanto que su naturaleza le ha dotado de habilidades y de fines que exceden e límite de lo meramente temporal. Sin embargo, hay u tercer pilar de su dignidad: el "orden" al que está sujeto.
Todas las criaturas del cosmos están como capturadas e un conjunto de "leyes positivas"; y sin distracción, esta leyes les conducen al seguro cumplimiento de sus fines. Per en el hombre—a pesar de que en cierto sentido existe un subordinación a las normas positivas de la naturaleza—, s peculiaridad consiste en que su vida está enmarcada dentro d la circunscripción de lo moral, porque en él no sólo hay predeterminación de reflejos biológicos, sino sobre todo accione de "libertad": Elegir, y elegir bien, es una necesidad propia mente humana.
"Gracias a la inteligencia y a la libertad, el hombre e tiende un tipo de necesidad que escapa siempre a los animales la necesidad moral o ética, el deber".2" La actuación ética n es una sugerencia que conviene llevar a cabo o un código d reglas caprichosamente reunidas, sino un conjunto de "leyes morales"—tan naturales como las positivas—, que poniendo en juego la propia libertad, tienen por objeto conducirlo naturalmente a esos fines inconmensurables para los que hemos sido creados. Las leyes morales son a los seres espíritu les lo que las positivas a los materiales.
(27) RAFAEL GOMEZ PEREZ. Problemas morales de la existencia humana, pág. 96. Ed. Magisterio Español. Madrid 1980.
De acuerdo a las enseñanzas aristotélicas, lo moral es lo propio de los "actos humanos" (acciones internas o externas que el hombre realiza con conocimiento y voluntad libre), en contraposición a los "llamados "actos del hombre" (aquellos que se realizan por vía refleja, sin el dominio racional y voluntario). Esta moralidad de los actos humanos consiste, básicamente, en la distinción "de lo que es bueno y de lo que es malo". Efecto medible según le acerque o le aleje de los fines insertos en su naturaleza.
Las leyes morales las descubrimos unos tal y como las hallaron otros—de éste u otro tiempo—, por la experiencia de la conciencia. La conciencia es una forma de conocimiento típicamente humano, de conocimiento intelectual práctico.
La inteligencia humana no sólo tiene funciones "especulativas", también tiene un quehacer "práctico" que nos indica los primeros principios del obrar", y por cuya existencia cualquier hombre puede identificar si se está procediendo conforme a derecho, si se obra con justicia o con arbitrariedad.
"A la luz de esos principios, la conciencia juzga sobre los actos concretos. Por eso puede decirse que la conciencia moral es un juicio en el que se aplican esos primeros principios a los actos concretos: Sé que hay que obrar bien; se me presenta la oportunidad de quedarme con algo que pertenece a otro; y la conciencia dicta, juzga, habla interiormente: eso es malo. (28)
El hombre —no hay la menor duda—, es poseedor de una conciencia moral. No es necesario probarlo, su conciencia juzga la bondad o malicia de los actos—propios o ajenos— .de conformidad con esos "principios morales" que darán razón de su actuación moral, y que consisten en "hacer el bien y evitar el mal" de conformidad con la naturaleza.
Lo ético es universal. El orden moral que la conciencia expresa es común a todos los hombres. Y si bien las cambiantes condiciones socioeconómicas y circunstancias del contexto, crean costumbres diversas de un lugar a otro, o de un tiempo a otro, también es cierto que esas normas no son mera subjetividad, en que cada quien pudiera—lícitamente—decidir a su gusto las normas a las que se sujetaria5 convirtiendo las relaciones con sus semejantes en un juego de fuerzas de dominio y sujeción. Afirmemos: El hombre es sujeto de un orden moral universal. Es "actor" de su propia existencia y destino. Por ello, no puede ser considerado simplemente como un "individuo" de una especie. Por encima de su individualidad es "persona", es decir, "sujeto" de derechos y deberes naturales civiles y religiosos.
(2i) RAFAEL GOMEZ_EREZ, OQ. Cil, páy 28
Antonio Caso ha expresado estos conceptos de una manera magnifica al decir: "El hombre es un organismo animal, el organismo más perfeccionado de todos; pero su superioridad evidente no la reviste por razón de su naturaleza biológica, sino en virtud de su superioridad intelectual y moral. El hombre es un microcosmos; en él se da la individualidad superando la naturaleza física; pero también se da otra naturaleza, que no puede reducirse a la pura individualidad. El hombre es individuo, un admirable individuo biológico; pero es algo más que esto: es una persona".'29'
El término "persona" proviene del latín "personue", que se empleó para designar en tiempos clásicos, las máscaras de quienes desempeñaban el papel teatral de narrar hechos notables. Con el tiempo, este término se acuñó de manera que designó al hombre en cuanto que desarrolla un papel o actuación con su propia existencia, y de quien pueden predicarse acontecimientos notables, aún en el anonimato.
En el siglo IV Boecio definió a la persona como "sustancia individual de naturaleza racional".
La dignidad de la persona humana se perfecciona cuando se sujeta a su conciencia moral, consecuente con su racionalidad y voluntad libre, afirmándose como sujeto de su propia vida, y también, protagonista del cosmos, orientando hacia fines racional espirituales, los impulsos sensitivo instintivos que le caracterizan.
"La persona humana por estar dotada de inteligencia y de libertad, es un sujeto, en el sentido moral de la palabra.
(29) ANTONIO CAS "Antología filosófica", pág. 170. UNAM, 1978. 29
Ello significa que la persona humana es sujeto de deberes y de derechos que están determinados por la situación concreta en que se encuentra, pero fundados en el fin último al que está ordenada":30'
El buscar y tender a lo que se entiende por bien, es el primer principio del actuar, que atiende a la posibilidad que tienen los hombres de conocer y alcanzar los fines de su propia naturaleza. Logro que se realice a través de la conducta libre y virtuosa, en que se armoniza "la verdad con el bien" y lo cotidiano con lo trascendente. Consistiendo así lo moral humano en la subordinación a Dios y la supraordenación a todo lo demás.
Cuando el hombre se sujeta y desenvuelve con libertad en el orden moral natural, perfecciona su dignidad. Un "hombre moral"(*), es, tiene que ser mejor que uno que no lo es. Desde luego no en orden ontológico, sino en orden ético.
Se moraliza quién finca su compromiso existencial en la objetividad de la ética natural. El proceso de moralización se suscita en el comienzo de interiorización, de afirmación de la personalidad y de espiritualización del propio ser.
GENETICA Y DESTINO SOCIAL
Nos ha llegado el momento de tocar el punto de la sociabilidad humana, porque no es posible explicar al hombre sin verlo inserto en la sociedad. No se pretende afirmar la naturaleza social del hombre por apriorismo, pero resulta claro que la experiencia cotidiana demuestra que el "hombre viene al mundo en el seno de una sociedad" y que no puede vivir sin mantenerse ligado, de una forma u otra, a los demás.
La sociabilidad es connatural a la persona, es parte de su misma esencia y genética. No podemos desvincular al ser humano de ese contexto de congéneres entre los que nace y se desarrolla, pues es en medio de ellos donde se descubre a si mismo, donde evoluciona, muestra su calidad humana y donde cumple con sus fines.
"El hombre es sociable por naturaleza, nace inclinado a la unión con sus semejantes. La unión de los hombres forma la sociedad. . . Tal es el designio de Dios, autor de la naturaleza. El manda que los hombres vivan en sociedad, y los hombres nacen ordenados para ello".3',
El Creador ha marcado la naturaleza humana con la tendencia incontenible a la vida en comunidad, incluso constituyéndola como una verdadera ley natural. Por esta sociabilidad, el hombre puede conservarse, perfeccionar su personalidad y alcanzar su felicidad temporal, e incluso la eterna.
Este afán espontáneo por lo social permite que los individuos participen en la convivencia con sus cualidades y diferencias más diversas, encontrando coherencia, cuando descubren complementariedad entre las peculiares virtudes y carencias de los demás. La natural pluralidad encuentra razón de ser al vivir en sociedad.
(31) ALBERTO MARTIN ARTAJO. Doctrina Pontificia, Documentos políticos, Estudio Introductorio, pag. 21. BAC. Madrid, 1958.
No puede pensarse que la sociedad consista en un simple "estar juntos", en un aglutinamiento provocado por la proximidad física de individuos. La sociedad no tiene sus raíces más profundas en el ámbito de lo físico o lo cuántico. A diferencia de los animales, es, sobre todo, el carácter espiritual de la convivencia humana lo que marca la pauta determinante de sus relaciones. De tal manera que, si por alguna circunstancia un hombre viviese separado de los otros, en su vivir solitario encontraríamos manifestaciones contundentes y referencias psíquicas hacia aquellos prójimos de los que estuviese alejado.
Esto revierte especial importancia para rebatir a aquellos, que atados a esquemas ideológicos, se remiten a fórmulas `'ideáticas" para forzar o aceptar el conformismo, o imponer cualquier especie de totalitarismo, sea de escala familiar, intermedia o nacional. Sus actitudes siempre son violentas, moral o físicamente.
La genética sociabilidad busca la complementariedad en la solidaridad, tiende a la unidad en la diversidad. Se aleja de la uniformidad, de la imposición, de la brusquedad y la arbitrariedad. Busca el orden, lucha por la armonía. Sella a los hombres con la meta histórica de hacer comunidad.
En este destino social de lo humano, "cada uno tiene en la vida su propia misión que cumplir, cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto, nadie puede ser reemplazado en esa función, ni su vida puede repetirse, su tarea es única como única es su oportunidad para instrumentarla".32
Es en orden a esta primacía de derecho que las personas concretas, las personas circunscritas en tiempo y espacio, poseen "derecho" a una "vocación misión" existencial, que tiene signos de genética hereditaria, de cultura aprendida, de aspiraciones personales y posibilidades reales.
(32) VIKTOR E. FRANKL. El Hombre en Busca de Sentido, pág. 107 Herder. 1987.
La sociedad es el recipiente en que se interrelacionan las vocaciones. De hecho las vocaciones son para la vida social. La sociedad permite la existencia de las vocaciones humanas. Las vocaciones humanas permiten la existencia de la vida social. Sin vocaciones no hay sociedad, sin sociedad no hay vocaciones.
"Cada uno recibe un llamado personal, irremplazable y necesario para el logro de la realización propia y comunitaria. . . Existe una variedad amplísima de vocaciones: las hay grandes y pequeñas, sencillas o heroicas, ocultas o visibles. Pero tienen en común todas el ser descubiertas y ejercidas en las circunstancias naturales de la vida. . . A este llamado corresponde una respuesta, misión y realización social concretas".'33'
Humanizarse es sociabilizarse. Significa donación, apertura, participación y solidaridad. Representa integración y colaboración con los demás, y fortaleza del sentido comunitario. Comunidad como realidad histórica. Nadie se auto realiza, ninguno puede perfeccionarse solo, para "realizarse" hay que apoyar la realización de otros.
De la cuna a la sepultura nuestro afán espontáneo por mejorar tiene que ver directamente con el prójimo. Nuestros éxitos son siempre logros de sociedad orgánica* o comunidad.
Durkheim ha expresado esta idea diciendo: "La comunidad no se basa en normas y reglamentos—aunque estos pueden existir y de ordinario así ocurre—, sino en algo previo y fundamental: una solidaridad que, propiamente, puede llamarse natural orgánica".'34'
En la "comunidad", los hombres buscan ser respetados en el ejercicio de sus derechos personales, en el entendido de reconocer correlativamente, los derechos de los demás.
(*) La sociedad orgánica consiste en la consideración y analogía de que todos somos miembros de un cuerpo o ente social.
(33) ORTEGA. Plan de Vida, pág. 17. (34) Citado por RAFAEL GOMEZ PEREZ. Op. cit., pág. 43.
"La comunidad a la que el hombre tiende naturalmente, es una sociedad integrada, en la que la libertad personal está al servicio de los valores comunes: la justicia, la solidaridad, la cooperación y la ayuda mutua".35,
1. La persona en relación con la sociedad constituye uno de los temas más fecundos que la Antropología filosófica pueda estudiar. Más, a efecto de sintetizar conceptos básicos, enunciemos: 1. La persona vive en sociedad por tendencia natural.
2. La sociedad es un medio al servicio del hombre y nunca un fin en si misma.
3. La sociedad adquiere la forma histórica que le imprime la libertad, pero sus fines no pueden—legítimamente—diferir de los fines del Hombre.
4. La persona es poseedora de derechos por consecuencia de su naturaleza racional y no por cesión de la sociedad.
5. La participación en la vida social, da lugar a la confirmación de las comunidades humanas concretas.
LA LIBERTAD: EXIGENCIA HUMANA
"La historia de este siglo, que ha padecido dos grandes guerras mundiales, otras guerras menores y está a la espera angustiosa de una tercera, la vemos concluir en espasmos de violencia. Debemos convencernos que la historia no es más que la historia de las voluntades y deseos humanos".36'
Guerras, esclavitud, manipulación. .. parecen ser constantes de las que los hombres no pueden escapar. Incluso hay quien ha hablado de la "violencia" como connatural al hombre, como necesaria a su identidad: hombres sobre hombres. Hombres bajo el yugo de otros, dependientes en lo físico y en cierta forma en lo espiritual. El hombre, queriendo arbitrariamente decidir el destino de sus congéneres, ha "cosificado" en sus relaciones a los individuos y a las personas, en ilegitima e injustificada agresión a la dignidad humana.
En pleno siglo XX, los hombres no hemos podido desprendernos de los afanes de sojuzgamiento y de las actitudes de servilismo. Es un paso continuo que se remonta desde la historia antigua: de la esclavitud grecolatina, a los casos de servidumbre feudal, para incurrir de nuevo en los colonialismos de los siglos XVII y XVIII y en las arteras manipulaciones y asesinatos de masas por parte de los socialismos nacionales e internacionales, en días lo más cercanos a los nuestros.
Este "poder" por el que un hombre se ha considerado con facultad para sojuzgar a otro, es un poder arbitrario toda vez que ha aniquilado la "autodeterminación" de quien se encuentra sojuzgado. Estamos hablando de aquellos que, 31 mantienen coactivamente bajo su arbitrio a otros que, por miedo, traición o conformidad, optan por el servilismo y con ello por su desdignificación ética o metafísica.
(36) ANDRES SERRA ROJAS. En la Hora Crucial de la Humanidad pág. 19. UNAM, 1981.
En otras palabras, la dignidad humana para mantenerse, requiere conservarse en la autodeterminación, en la libertad, esencial y existencial. Es decir, en una libertad que sea fruto de la decisión racional del individuo; una libertad no sólo interior, sino también exterior, porque sin autodeterminación O humano no se entiende. Sin conciencia de la propia libertad, el hombre vive sumido en lo subhumano, en la ignorancia de su dignidad y del respeto que se merece por el simple hecho de su existencia.
La libertad definida como facultad racional de elegir, es esencia y propiedad de lo humano, nota distintiva, necesidad propia.
Al conocer, el ser humano juzga; evalúa y actúa libremente, salvo que se ejerza sobre él violencia interna (psíquica) o violencia externa (física). La verdad de las cosas, lo mismo que el bien, son consecuencia de discernimientos y actuaciones libremente realizadas. Quién no vive la experiencia y la conciencia de esas elecciones, puede memorizar conceptos o usufructuar bienes, pero no poseerlos en sentido metafísico y ético. Para comprometerse con la verdad y el bien, hay que ser libre.
La libertad es necesidad natural. Es indispensable educarse y afirmarse en ella. Está en el hombre por ser una cualidad del espíritu, pero existe en germen. La libertad hay que ejercerla y desarrollarla. El hombre está llamado a ser libre por conquista cotidiana. Libre para ser libre. Libre en todo, salvo de no ser libre.
Pero la libertad no es absoluta. Sin esta aceptación no puede haber realismo moral. Lo bueno y lo ético, son tales en la medida en que son libres y posibles. Mi libertad está de cara a la libertad de los demás: No dañar ni dañarse entraña la conjunción libertaria.
Para no forzar pensamientos o actos, la libertad tiene que ser espontánea, auténtica, subjetiva e interactiva, consciente y responsable. Sólo así el hombre puede elegir los fines que desee y los medios adecuados para alcanzarlos, al tiempo que decide con quien realizarlos y coactuar.
El saldo de educar en la libertad es libertad. En contraposición, quienes se aficionan por los métodos coactivos o imperativos —para evitar el "desorden"—no forjan hombres. Libres sino sumisos en potencia de rebelión y rechazo.
"El querer y el actuar representan una postura activa solamente en la medida en que damos respuesta libre a las posibilidades y valores conocidos conformando automáticamente nuestra existencia en el mundo".'37'
"La libertad es don excelente de la naturaleza, propio y exclusivo de los seres racionales, que confiere al hombre la dignidad de estar en manos de su albedrío y ser dueño de sus acciones. Pero lo más importante es su ejercicio, porque del uso de la libertad nacen los mayores bienes y los mayores males. Sin duda alguna, el hombre puede obedecer a la razón, practicar el bien moral, tender por el camino recto a su último afín. Pero el hombre puede también seguir una dirección totalmente contraria y, yendo tras el espejismo de unas ilusorias apariencias, perturbar el orden debido y correr a su perdición voluntaria".'35
No le faltaba razón a Don Quijote cuando predicaba a su fiel escudero los azares de la libertad:
"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieran los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por Iv' la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres".
La libertad resulta tan excelsa, que más valdrían los riesgos de la más precaria libertad, que las seguridades de cualquier dominación.
(37) EMRICH CORETH. ¿Qué es el Hombre?, pag. 96. Herder, 1982.
(38) LEON Xlll. Encíclica Libertas Praestantissimum, 1.
Por su parte, con inmortal sabiduría, Dante afirmaba así en su Divina Comedia:
"El mayor don que Dios, en su liberalidad nos acordó al crearnos, como más conforme con su bondad, y el que más se aprecia, fue el de la libertad de que están dotadas las criaturas inteligentes".
Lo que hace grande la vida cotidiana consiste en encontrar espacios; abrirse paso por los cauces de la libertad. Los pasajes más valiosos de la existencia individual y social están inscritos con libertades, y los más lamentables por calamidad y yugo.
"Es libertad auténtica y deseable aquella que en la esfera de la vida privada no permite el sometimiento del hombre a la tiranía abominable de los errores y de las malas pasiones y que en el campo de la vida publica gobierna con sabiduría a los ciudadanos, fomenta el progreso y las comodidades de la vida y defiende la administración del Estado de toda ajena arbitrariedad ".'J9'
Desde luego, la libertad debe ser concreta, histórica, sociológica. Ha de tener formas sociales, económicas y políticas. "Dentro del Estado, la libertad verdadera del ciudadano consiste en poder vivir cada uno según la recta razón y con arreglo a la ley. O dicho de otro modo, la libertad pública sólo es legítima cuando se ordena facilitar la vida virtuosa. La verdadera libertad, en el campo de la vida política, consiste en que, por medio de las leyes civiles, pueda cada cuál vivir según los preceptos de la ley natural".'40
Toda libertad en los particulares y en la comunidad, en gobernantes y en gobernados, implica obediencia a una razón suprema y eterna, y está sujeta al derecho natural, modo de la ley de Dios—según lo enseñaba Cicerón—. Rechazar el supremo dominio de Dios sobre el hombre y la sociedad no es libertad, sino perversión de la libertad.
La libertad personal, como la social, la cultural, económica o política, para conservarse como tal, ha de ser moral. En la consideración de que sin ésta no habrá bien individual, común, ni público. La libertad es la única fórmula para atemperar violencia y agresión entre los hombres. Lo connatural no es la violencia, es la libertad.
(39) LEON Xlll. Enciclica Inmortale Dei, 19. (40) ALBERTO MARTIN ARTAJO. Op. cit., pág. 3R.
IGUALDAD ESENCIAL DE LOS HOMBRES
Los pueblos de la antigüedad precristiana se afanaron por procurar avances en el terreno de la ciencia y la filosofía, pero al toparse con los linderos de la antropología, se quedaron cortos. Incluso los mismos griegos elásieos no pudieron dar una visión última de la dignidad humana. No nos extrañemos, no pudo ser de otra manera. Faltaron elementos de consideraeión. Más tarde, el impacto cultural de Jesucristo aportó algunas resoluciones fundamentales a la vida social de la época.
La humanidad se redescubrió en el pensamiento cristiano, al hallarse elevada a la categoría de "hijos de Dios", ligada entre si por lazos de fraternidad y armonía, que manifiestan la manera como el hombre está unido a sus congéneres en lo universal, por encima de las condiciones concretas de vida.
Aquel viejo medio oriente y aquel occidente grecolatino de hace veinte siglos, no pudieron menos que sorprenderse al paso de un puñado de nuevos cristianos que manifestaban la más delicada y elevada concepción del género humano: la de su igualdad esencial (... ya no hay ni judío, ni griego, todos son uno...).
Hasta entonces la historia de Mesopotamia, Egipto, Babilonia, India, China, Grecia y Roma, no había sino recogido una variedad de actitudes de sojuzgamiento y esclavitud. Incluso el fino pensamiento de la filosofía clásica no había logrado desentrañar las raíces de una radical igualdad entre los hombres. El mismo Aristóteles no ha podido sino asentar en su Política que la naturaleza ha constituido a unos amos y a otros esclavos. Pero, ¿cómo podemos culparle a él o a otros de intentar la justificación de la esclavitud, si conocemos que la igualdad y la fraternidad de todos los hombres se funda en una universal paternidad de Dios, que vino hacernos revelada en la Palabra del Mesías?
Los pensadores griegos del primer siglo de nuestra era, estuvieron prestos para adherirse al cristianismo precisamente porque en él encontraron la solución a muchos de los cuestionamientos intelectuales que no habían podido resolver por si mismos. Aunque no de manera expresa y aceptada, esa "igualdad" ya era intuida por el antiguo pensamiento: Según Jaeger, la "Paidela Griega" abraza lo que podriamos llamarla "Paideia Cristiana", porque descubre en los conceptos de Dios, de Hombre y de Sociedad, una continuación que en nada se oponía al rigor lógico al que estaban acostumbrados.
Con el cristianismo se manifiestan las formas más delicadas de la ética, la moral y el culto, sin descuidar una cosmología, teoría del conocimiento o lógica que armoniza con el resto de la predicación
Un Dios creador y providente—verdad y bondad—, definido a si mismo como Amor. Un hombre creado a su imagen y semejanza, sujeto de una igualdad universal que no distingue condiciones. Una sociedad que exige erguirse como comunidad fundada en la justicia y la caridad. . . Estos son algunos de los conceptos que sacudieron la historia de hace veinte siglos, y que causan la multiplicación de los primeros cristianos entre los griegos filósofos y los juristas romanos. El cristianismo ha aportado, pues, un reforzamiento del concepto de "igualdad".
Evidentemente esa "igualdad" humana no consiste en un "slogan" inventado para ganar adeptos. Se trataba del reconocimiento de las bases comunes de la naturaleza humana. La realidad puede manifestarnos ciertas desigualdades, pero por encima de ellas se conserva incólume, el principio de 3 igualdad universal como exigencia de justicia y de caridad.
La igualdad fundamental que se deriva de la dignidad de la persona humana, no consiste sólo en una exigencia de las relaciones interpersonales, sino también en la adopción de una "postura" en la que la "naturaleza" se reconoce como patrimonio universal de los hombres, sin preeminencias de ninguna especie y a la que en justicia todos tienen el derecho equitativo de disfrutarla. Es decir, reconocer la igualdad esencial de los hombres entraña una doble dimensión: a) por cuanto que yo y los demás gozamos de una misma categoría de personas, con los derechos y deberes que ello entraña, y b) en cuanto que yo y los demás, tenemos la facultad de aprovechar con prudencia y justicia de los bienes universales que el Creador nos ha legado como patrimonio común. Por lo que nada ni nadie tiene derecho alguno para abolir nuestra categoría de personas ni a apropiarse o dañar unilateralmente aquello que es de todos.
La igualdad esencial de los hombres es, en síntesis, natural en cuanto "ontológica", y sobrenatural en cuanto "teológica". De manera que obrar atentándola en algún hombre concreto, afrenta al género todo y a Dios mismo, porque todos ellos, dotados de alma racional, tienen la misma naturaleza y el mismo origen, y todos hemos sido comúnmente redimidos.
DESIGUALDADES NATURALES Y DESIGUALDADES ARBITRARIAS
Sin embargo, la afirmación de la "igualdad " sólo es "objetiva" en la medida en que es acompañada de un paralelo reconocimiento a las "desigualdades" que diferencian a los individuos.
El orden natural es "armónico" por cuanto que las desigualdades de los seres de la misma especie conservan y participan de un "equilibrio cósmico general", al aportar seres con posibilidades, facultades o aptitudes, que les caracterizan. Por ello, no es necesario que los hombres sean iguales en todo, ni constituye un defecto del orden natural o civil, el que existan entre unos y otros, diferencias en lo accidental.
Entre los hombres existen desigualdades accidentales. En 7lenguaje filosófico se trata de desigualdades que nunca llegan a ser esenciales. Lo accidental* en el Hombre está constituido por las circunstancias como aparece en un lugar, tiempo o modo determinado, y que siempre será distinto en comparación a otros seres de su misma especie: Que el varón y la mujer se presenten de manera diversa en cuanto a capacidades y funciones fisiológicas y anatómicas; que las condiciones físicas de salud o fuerza varíen de individuo a individuo; que en cuanto a la capacidad intelectual y destreza aparezcan los hombres como desiguales, no significa que alguno de ellos pueda llegar a ser tratado a un nivel "sub" o "supra" humano.
Las desigualdades con que la naturaleza nos dotó, no constituyen causa de vergüenza ni de vanagloria, ni pueden ser motivo de abuso autoritario ni de anarquismo social, pues fueron asignadas—extrínsecamente—a cada cual, no sólo como efecto de la naturaleza, sino también como manifestación de la providencia de Dios. En este sentido constituyen un "atributo", gracias al cual, cada uno puede contribuir "a su manera" en el ente social, aportando al bien común las facultades que le son propias y que constituyen una pluralidad de la que al final de cuentas, de una u otra manera todos necesitamos, ya que nadie puede llamarse autosuficiente, dentro de un equilibrio orgánico cosmológico.
* Entiéndase como "accidental", todo aquello que existe como posibilidad potencial o como realidad actual, que acompaña a la sustancia, pero que no altera la esencia del ente; en este caso, la Dignidad del hombre.
Para refutar las pretensiones "idealistas" de la "igualdad socialista" basadas no en el realismo, es necesario percatarse, en primer lugar, de la condición humana "tal como es": "Porque por naturaleza existen entre los hombres muchas y grandes desigualdades; no son iguales las inteligencias de todos, ni la disposición, ni la salud, ni las fuerzas; desigualdad de hecho necesaria, de la que espontáneamente se sigue la desigualdad en la fortuna. Y conviene que ello sea así, para utilidad tanto de los individuos como de la comunidad; pues la vida común necesita, para que todo se ordene, que haya variedad de capacidades y diversidad de funciones para cumplir".'4"
Las desigualdades, apreciadas de esta manera, pueden presentarse de dos formas radicalmente distintas:
a) Desigualdades impuestas por la naturaleza: Que son diferencias que permiten el equilibrio social y la concurrente participación en la vida de la comunidad, de acuerdo a los dones de que la naturaleza ha dotado a cada quien. De manera que habrá así quien destaque por su habilidad física, intelectual, manual, sensibilidad artística, sentido práctico, peculiaridades temperamentales, etc.
b) Desigualdades impuestas arbitrariamente: Que son diferencias que se presentan generalmente en beneficio sociopolítico o económico unilateral o de élite, que aprovechándose o contrariando las desigualdades accidentales de los demás, busca abrir mas esas diferencias para evitar ser despojado de sus (arbitrarios) privilegios. En este sentido se presenta, directa o indirectamente, la acción de los esquemas ideológicos y la militancia política de quiénes carecen de formación antropológica. Se levantan así barreras infranqueables entre i1 miembros de la sociedad, entre gobernantes y gobernados (de todo estrato); viviéndose un despotismo en que los débiles son tratados sin ser considerados en su calidad plena de seres humanos y de personas, con necesidades, aspiraciones y esperanzas cotidianas.
(41) LEON XIII. Encíclica Rerum Novarum, 13.
¿Cómo resolver con sentido filosófico estas dos clases de desigualdades? ¿Cómo puede compaginarse un pensamiento doctrinal de la igualdad y la desigualdad? ¿Para el hombre creyente cómo se resuelve esta dicotomía? ¿Cómo es apreciada esta cuestión en doctrina social cristiana?
Primero: En cuanto a las designaciones derivadas de la naturaleza, las identifica como una manifestación de la voluntad de Dios, que llegará, tal vez en algunos casos, a ser muy dolorosa, pero que entraña "indiscutiblemente" un contenido de bondad y de armonía en beneficio de todos. Esta desigualdad no rebasa nunca el ámbito de lo accidental, es decir, nunca es tan grave como para desquiciar la "dignidad" humana. Por el contrario, constituye el motivo de particularidad que cada uno debe empeñarse por descubrir y fomentar. Dando lugar a que desarrollemos la "vocación" propia, sabiendo que estamos contribuyendo con los demás, a través del perfeccionamiento individual de nuestras facultades. "De estas desigualdades se seguirán para cada hombre responsabilidades diversas 42,
En este sentido, lo cristiano consiste en permitir que libremente pueda cada cual encontrar su vocación y riqueza personal, porque ello redituará en el beneficio individual y social. De donde se seguirá una responsabilidad de conciencia para colaborar universalmente a que esto se logre.
Segundo: La otra postura, la que el cristiano adopta frente al individuo, la élite o sociedad que manipula arteramente las desigualdades, tiene que ser totalmente distinta: si las desigualdades han sido implantadas por la fuerza y el arbitrio, y por ende resultan contrarias a la justicia, la doctrina cristiana no podrá dejar de exigir, en el nombre del "humanismo" que le fundamenta, la abolición de estas diferencias. Primero adoptará esa paciente espera y trabajo que San Pedro recomendaba frente a la impulsiva autoridad romana del siglo 1; pero si el testimonio de humildad y docilidad no constituye un móvil suficiente para hacer cambiar al ente social, el amor fraternal exigirá en la conciencia "secular", no escatimar ningún esfuerzo por restaurar el respeto a la "dignidad" humana, frente a la que el mismo Dios procede con tanta reverencia.
(42) LEON XIII. Encíclica Rerum Novarum. 13.
El grito de los humanistas coincide con el de los cristianos: no es posible ser ajenos a las exigencias de justicia de la sociedad. Urge aminorar las diferencias sociales y económicas, que de suyo se oponen al orden natural y a la voluntad divina.
REPERCUSIONES EXISTENCIALES
Sabemos que lo humano está en la cúspide de la escala cósmica, que el clima social debe reforzar la igualdad y la libertad, y que las injusticias efecto de la arbitrariedad deben ser combatidas con respuestas que faciliten el bienestar en la cotidianidad de la vida.
La problemática humana no puede ser abordada sólo en abstracto. Su reflexión parte de la especulación, pero no puede distraerse de su finalidad transformadora. Mientras unos mueren de hambre, sufren frió o son pisoteados por el autoritarismo, no se justifica el que otros sigan especulando o bordando en el "mundo de las ideas" su modo de participación.
No es con lamentaciones inacabables, ni con "idealismos" de arenga, como los problemas del hombre se resuelven. Si se sabe lo esencial, el siguiente paso es "existencial".
La repercusión existencial de cualquiera que se precie de estar preocupado por lo humano, tiene que estar evidenciada en el plano de los "hechos". Y son los "hechos" los que muestran una gran corriente a favor de lo humano: miles y miles de individuos se percatan de que su vida adquiere sentido cuando participan en lo social; muchos de ellos militan en corrientes y partidos ideológicos, otros en asociaciones de acción social y apostólica; pero esto no importa de momento tanto. Bastaría con verlos por el prisma de la "filosofía de la historia" para observar que al finalizar el siglo, la historia está registrando la presencia activa de "ciudadanos" insertos en la entraña de la vida social, económica y política. Muchos son hombres sin Dios, o con Dios pero sin fe, o con fe pero sin dogma o con dogma pero sin liturgia, otros con todo. Asistimos a una corriente de pensamiento humanista de tintes o extracción cristiana. Algunos dirán que no lo son porque desconocen la raíz última del mensaje evangélico, otros negarán esta filiación, aunque, con su proceder personal y libertario reafirman su conciencia cristiano occidental.
Las condiciones humanas "concretas" están volviendo a ser atendidas por los otrora cristianos de "cielo" sin tierra... también, los antes humanistas negadores de lo "eterno", están observando las atrocidades de aquellos que actuaron sin Dios.
Hombres de buena fe están volviendo su mirada a Cristo en la medida en que redescubren una iglesia universal y ecuménica, poseedora de una doctrina no sólo de fe revelada, sino también de presencia histórica concreta en las estructuras; con un cuerpo filosófico doctrinal de sapiencia social, en que se recogen y vierten las "formas" de resolver las cuestiones sociales de una manera cristiana.
Este fenómeno, desde luego, es efecto particular del concilio Vaticano II y respuesta natural a un mundo que cambia, y que en esos cambios se yergue cansado de violencia, ansioso de paz y de redistribución de riqueza. Millones de hombres se oponen a los embates de poderes políticos y económicos, desean cerrar desigualdades con progreso y dignidad. Intuyen que es posible una cultura universal y una civilización humanista.
Paulo VI ha expresado en "Gaudium et Spes" las recomendaciones del quehacer cristiano de nuestra época, al tiempo que comunica al humanista todo un programa de vida y acción social, en las postrimerías de un siglo y el amanecer de otro. Se trata del reto existencial de nuestro tiempo:
• "El desarrollo de la economía podría mitigar las desigualdades sociales, pero con demasiada frecuencia trae consigo un endurecimiento de ellas, y a veces hasta un retroceso en las condiciones de los más débiles y un desprecio de los pobres. Mientras, muchedumbres inmensas carecen de lo estrictamente necesario, algunos, aún en los países desarrollados, viven en la opulencia o malgastan sin consideración;"
• "El lujo pulula junto a la miseria. Y mientras unos pocos disponen de un poder amplísimo de decisión, muchos carecen de toda iniciativa y responsabilidad, en condiciones de vida y trabajo indignos de la persona humana."
• "Los hombres de nuestro tiempo son cada DIA más sensibles a estas disparidades, porque están plenamente convencidos de que la amplitud de posibilidades técnicas y económicas del mundo moderno, puede y debe corregir este lamentable estado de cosas... Por ello son necesarias muchas reformas en la vida económicosocial y un cambio de mentalidad y de costumbres en todos."
• "Para hacer frente al aumento de población y responder a las aspiraciones más amplias del género humano, se tiende con razón al aumento en la producción agrícola e industrial y en la prestación de los servicios. Por ello, hay que favorecer el progreso técnico, el espíritu de innovación, el afán por crear y ampliar empresas, la adaptación de métodos productivos, el esfuerzo sostenido de cuantos participan en la producción; en una palabra: todo cuanto puede contribuir al progreso. . . La actividad económica debe ejercerse siguiendo sus leyes propias, pero dentro del ámbito del orden moral."
• "Para satisfacer las exigencias de la justicia y de equidad, hay que hacer todos los esfuerzos posibles para que, dentro del respeto a los derechos de las personas y a las características de cada pueblo, desaparezcan lo más rápidamente posible, las enormes diferencias económicas que existen hoy, frecuentemente vinculadas a discriminaciones individuales y sociales. "
• "La justicia y la equidad exigen que la movilidad sea necesaria en una economía progresiva, de manera que se eviten la inseguridad y la estrechez de vida del individuo y de su familia".
• "Recuerden todos los ciudadanos que tienen el deber y el derecho de contribuir al progreso de la propia comunidad. En los países menos desarrollados, donde se impone el empleo urgente de todos los recursos, ponen en grave peligro el bien común los que retienen sus riquezas improductivamente o los que privan a su comunidad de los medios materiales y espirituales que esta necesita. "
• "En las economías en periodo de transición, como sucede en la sociedad industrial en que se desarrolla la automatización, es necesario asegurar a cada uno empleo suficiente y adecuado y, al mismo tiempo, la posibilidad de una formación técnica y profesional congruente. Débense garantizar la subsistencia y la dignidad humana de los que, sobre todo por razón de enfermedad o edad, se ven aquejados por graves dificultades. "'43'
DISYUNTIVA: IDEOLOGIAS O FILOSOFIA DEL HOMBRE
La historia de la humanidad ha sido un proceso de pensamientos convertidos en realidad: Todo "hecho" ha sido antes "idea". Idea de la realidad externa al hombre o idea de la propia realidad de hombre. La historia humana es resultante de la historia de sus ideas.
Hace veinticuatro siglos, hombres observadores y reflexivos desarrollaron ciencias y artes. La filosofía fue su mejor producto, en cuanto sembró futuro. El pensamiento griego penetró en los conceptos de universo y de hombre, con asombrosa profundidad: El hombre es un microcosmos, un animal racional, un ser político, un ente espiritual y trascendente, etc. Sin embargo en lo general, estas ideas no alcanzaron a fraguar. Persistía la duda de cómo Dios se relacionaba con sus criaturas y qué implicaciones éticas se derivaban de ello. Por eso en lo social persistió la esclavitud, la depravación de costumbres y en general el cerco de la realidad contingente. La trilogía a Sócrates Platón Aristóteles no alcanzó a hacer civilización sus ideas. Su filosofía tendría sus mejores resultados siglos después.
Con la aparición de Cristo en la historia, el mundo adquirió una dimensión diferente. Sus principios, si bien evangélicos, se presentaron cargados de consecuencias filosóficas. Y el mundo encontró un "Novus ordo", una manera nueva de conceptuar la realidad total: del mineral al vegetal, del vegetal al animal, del animal al hombre, del hombre a Dios providente. . . se concibió "un solo universo", armonioso y dinámico en que el "puesto del hombre" era bien claro y funcional. El valor de la persona humana era la resultante de todo cuanto estaba sobre y bajo ella, y en ella el mundo entero se resumía.
Al cabo de los años, el pensamiento griego y el cristiano se sintetizaron. Y de aquellas dos "paideias" resultó una nueva conciencia universal. Los conceptos resultaron profundos y esenciales: Los hombres estimaron su existencia como debida a una causa remota "eficiente" común. Se reconocieron espirituales en tanto que radicaba en ellos potencias intelectuales, volutivas y libertarias, en que se funda su imagen y semejanza con el Creador. Sabianse esencialmente iguales, con la aspiración de ser tratados como eso, con necesidades propias, intereses variados, pero destino final común.
De la Roma clásica a la alta Edad Media, una concepción práctica de la Antropología llevaba a todos los "hombres" a explicarse qué eran, cómo eran, de qué y para que existían. En todos los puntos del mundo conocido, surgieron hombres de personalidad asombrosa: Ambrosio, Benito, Francisco de Asís, Buenaventura, Giotto, Marco Polo —entre otros—. Pero por encima de ellos, una conciencia común regia a las gentes de aquellas épocas—y prevalecía entre sabios e ignorantes, pobres o ricos—: todos conocían que "lo humano es perfectible y limitado", que al cosmos hay que conocerlo y respetarlo, poseían una conciencia grecolatina, una conciencia cristiano occidental.
Sin embargo la historia sufrió una convulsión y se deslizó tras las posturas ideológicas de Escoto, Maquiavelo, Descartes, Hobbes, Voltaire, Hegel, Feuerbach, Nietzsche, Marx…
La escolástica había ya logrado una concepción universal del hombre y la sociedad, basada en la convicción de la "unidad en la diversidad". La paz, el orden, la justicia, se estimaron como virtudes y su detrimento, como vicio. Pero el realismo filosófico sufrió—hacia el siglo XIV—quebrantos fatales cuando las gentes se volvieron bizantinas en el Fideísmo (en el divorcio de la fe con la vida concreta). Llevaron a la humanidad al maquiavelismo político y a la división religiosa, junto con la fragmentación cartesiana del conocimiento científico-filosófico, que llevará a "justificar" atrocidades tecnológicas.
El concepto universal de Hombre desapareció y la fraternidad se convirtió en enemistad entre individuos, sociedades y naciones. Se vieron aparecer rompimientos sociales, fronteras soberanas e imperios, el absolutismo y la tiranía. Los mayores crímenes se llevaron a cabo en nombre de una democracia y unos socialismos antihumanos.
Lenin, Musolini, Hitler, Stalin, Mao, Truman, Castro, Jomeni—entre otros—, se convirtieron en los actores y artífices de gran parte del siglo XX. El mundo se hizo fuego atómico, paz armada y ficticia, tortura, aniquilamiento, genocidio, manipulación y aplastamiento de derechos fundamentales.
Ahora, en nuestra encrucijada, la humanidad se debate ante la amenaza y hegemonía de las potencias. Sin embargo de las cenizas, la segunda mitad del siglo ha visto resurgir en el seno de las universidades y de la sociedad en general, inquietudes por reencontrar el concepto del hombre. La convicción de que los caminos del futuro próximo deben ser apremiantemente más humanos, se suman a la sentencia de que nos humanizamos o nos destruimos.
Cuando estamos ante la posibilidad de un holocausto final, resultado de la terquedad en los esquemas ideológicos, surge la necesidad de reencontrar y perfeccionar el conocimiento del hombre desde una perspectiva filosófica, que dé conexión con la diversidad científica y la alta tecnología de nuestros días, incluso con el ámbito teológico. Tenemos, como reto, la necesidad de rehacer cosmologías, que tengan por punto de partida y de llegada al hombre. Filosofía del Hombre, que permita rectificaciones y perfecciones intelectuales, que gane mentes y entusiasmos entre anqullosados, amargados, autoritarios, reduccionistas o estrechos de corazón.
Las ideas de la "filosofía del hombre" pueden ser realidad concreta, en tiempos no lejanos. Sólo con ella podremos construir una civilización del hombre. Deberá ser, desde luego, una filosofía práctica de escala micro y macro social. De todo avance intelectual, ha sobrevenido siempre, el avance social. Requerimos, urgentemente, de una filosofía del hombre, sin adjetivos.
¿Y quiénes son los que se oponen a la filosofía del hombre? Son siempre, aquellos que han hecho "dogma" de las cuestiones temporales. Son los que fijan "verdades absolutas" en aspectos de la vida donde cada cual puede y debe contemplar las cosas desde su punto de vista, según su legitimo parecer o interés particular, dado su tiempo y circunstancias o su experiencia, aspiraciones o preferencias propias.
Estos, los ideologizadores, pretenden imponer a los demás: dogmas, esquemas, escuelas de pensamiento. Forzan las conciencias y las conductas. Se imponen sin respeto a los derechos de los demás. Y desde luego, juzgan y evalúan lo social desde la rigidez de su forma de pensar. Arman disquisiciones, condenando e imponiéndose, bajo argumentos de posesión de unas verdades "iluministas". Suponen que los demás no comprenden, no conocen, no son justos, o no son colaboradores eficientes, sino disidentes o enemigos. En el menor de los casos, ven en los demás "escalones", no colaboradores sociales.
Todos los ideologizadores tienen "contrarios". De suyo desconfían del acuerdo humano. Chocan, se imponen. Sacrifican a los otros en aras de "sus" ideas. . . y lo han hecho hasta causarles su indigencia, su pobreza, su muerte. . . su despersonalización. . . explicaciones tienen de sobra; justificaciones no alcanzan.
Más no se crea que el fenómeno de los "ideologizadores" es sólo cuestión ajena a los "cristianos". Cristianos, que incluso tienen el afán del progreso social y cívico —dicen que con honestidad—, muchas veces no se respetan a si mismos y a los demás, pues desdeñan la limitación de sus propias opiniones, "pontificando" en muchos aspectos de la vida, no respetan la opinión del prójimo ni aman su derecho al derecho, ni la libertad de su libertad y legitimo pluralismo. . . se trata de quienes no han llegado al fondo del mensaje cristiano que es amor, conversión colaboración y perdón.
Estos cristianos iluminados ven herejes, apóstatas y locos por doquier, llegan al extremo, no de la "caridad", sino a un puritanismo escrupuloso llenos de sentimientos (complejos) de superioridad inferioridad. Lo muestran cuando confunden costumbre localista, familiar o personal con doctrina de la iglesia o dogma de fe, y además tratan de imponerse a cualquier costo. Son los dogmatistas de la costumbre. No avanzan toda vez que suponen un "mejor" pasado, hablan de "re" instituciones, de un mundo que ya pasó. Estos cristianos no profetizan hacia el futuro porque no predican la "buena nueva" sino se estrechan en un resto ajeno a lo contemporáneo cotidiano.
Cristianos o no, los ideologizadores son emisarios del pasado. Ante la crudeza de los hechos presentes se asustan. Ante lo benévolo, no son sensibles. Son pesimistas institucionales. Les falta "apertura" para aceptar su transitoriedad la esforzada construcción científica filosófica de la "doctrina" humana y la aceptación de una fe en congruencia y fundamentación.
Cristianos o no, de cara a un siglo nuevo el reencuentro con la "persona humana" no puede postergarse. De la conciencia de limitación en los juicios y la tolerancia social, se suscitará el reconocimiento de la libertad como condición de convivencia. . . pero lo más importante es que la raíz del respeto a la libertad está en el "amor".
REENCUENTRO CON LA DIGNIDAD HUMANA
Sabiendo que el hombre está al principio y al final de lo social, toda fórmula contraria está condenada a ser insuficiente, y por tanto, transitoria. Si el objetivo es el desarrollo, éste ha de ser para el desarrollo integral del hombre. . . Son los hombres y no los sistemas los que cuentan. Se trata de defender y promover "personas" y no estructuras. Estas pueden perderse, lo humano no.
La profunda transformación que nuestro tiempo exige, no tiene más alternativa que la de estudiarse, definirse y resolverse partiendo del Hombre. Debemos insistir en la "dignidad " de la persona humana. Recordar a todos los individuos y pueblos que el hombre es un ser "digno"; que esta dignidad no es un recurso de retórica adjetiva, sino una realidad derivada de su naturaleza.
Tenemos que aceptar, reconocer y reencontrar el valor especifico de nuestra vida, obras y existencia. Admirarnos de lo que somos y de lo que podemos ser, y de lo que son, pueden o merecen ser los demás.
Más allá de cualquier tentativa ideológica, la vitalidad y confianza que la humanidad necesita para transformar su tiempo, radica en el reencuentro de su propia dignidad.
Este "reencuentro" ha de ser un proceso de cambio y apertura. Requiere de una búsqueda, de una esperanza y de un final encuentro.
No basta con expresar malestares y criticas sobre el estado actual de la sociedad si no se está dispuesto a diseñar y participar en las soluciones socioeconómicas específicas. Se necesita un freno a la codicia y al economicismo, así como un compromiso de generación y distribución de recursos. Se trata de emprender una corriente cultural que logre reformas sociales efectivas.
La redignificación del hombre supone en lo concreto un reencuentro con los valores espirituales, pero también con igual rigor, requiere la posibilidad y oportunidad de dar a los hombres lo que en el mundo de lo material les corresponde.
Este reencuentro con lo humano, no tiene más implicaciones que la oportunidad de alcanzar aquello que siempre hemos deseado todos:
—"vivir" plenamente.
—"convivir" y "desarrollarse" sin perjuicio de la naturaleza.
—"elegir" sin violar el respeto que marca la libertad de los demás.
—"querer" cuanto se quiera si es bien.
—"conocer" la realidad entera sin más afán que el de la verdad.
—"amar" como expresión sublime de la naturaleza humana.
En este reencuentro con lo humano todos cuentan. El humanismo es universal, católico y ecuménico en su acepción real. Nadie se sienta ajeno, ni primario. Como humanidad histórica disfrutemos de esta nueva conciencia humanista Hemos avanzado a costos muy altos hasta esta tarea de recuperar cuanto de verdad hubo mezclado entre los errores de la historia.
"Todo sistema, incluso el más erróneo, contiene siempre una parte de verdad—por lo que convencía y movía—. Son estas partes de verdad, las que deben ser recuperadas, ocupadas y puestas en una nueva síntesis de vida y de pensamiento. Es así como, tras la era de lo infinito y del humanismo teocéntrico de la civilización medieval, tras la era de lo finito y del humanismo antropocéntrico de la civilización moderna, debe nacer y nacerá la era del humanismo cristocéntrico, síntesis y recuperación de cuanto verdadero y bueno habían producido las civilizaciones precedentes".'44'
"El proceso, es, a la vez, desmesuradamente lento e inquietamente rápido. Aumenta sin que se note porque progresa de por si. . . somos la generación puente. . . si consideramos que hace apenas siete décadas no teníamos automóviles ni aviones, y que, en tan breve lapso hablamos ya de estaciones espaciales, de motores iónicos capaces de desarrollar velocidades fantásticas en el vacío del espacio exterior; que la geometría cotidiana ha sido superada por nuevas formas de la matemática superior: que se habla de la teoría quántica y del movimiento browniano, no debe de extrañarnos que todo ello nos esté produciendo una especie de vértigo intelectual, moral y hasta físico. Esto origina crisis de valores y desorientación en el hombre moderno. Entramos en la era espacial. Estamos en la edad cósmica. Nuestro hombre se llamara, quizá, "homo cosmicus". . . tenemos casi de todo: rayos láser, cerebros de computadoras analógicas, bioquímica, electrónica, psicoanálisis y existencialismo. Logros pasmosos, asombro de todos en la alta tecnología de la miniaturización. . . debemos adquirir la responsabilidad cósmica de una nueva conciencia ecuménica. Un nuevo panorama se presenta a los ojos del hombre".45
(44) CARLO GNOCCHI. Restauración de la Persona Humana, pág. 203.Ed. Marfil Alcoy. Espaba 1967.
(45) PAULINO DE ARlNO. El Puente, pág. 123. Artimpart. México 1983.
HACIA UN HUMANISMO SOCIAL.
"Los cambios que se necesitan para humanizar la sociedad deben ocurrir en todas las esferas de la vida: la económica, la social, la política y la cultural, y deben hacerlo simultáneamente, puesto que si tienen lugar en una sola parte del sistema no es posible esperar que cambie el sistema como tal, sino únicamente que repita sus síntomas patológicos en otras formas".46'
(46) ERICH FROMM. Op. cit., pág. 147.
Para perfeccionar los sistemas hay que escalar y perfeccionar los métodos. Cada caso social tiene fórmulas de mejoría. Basta con no ser arrastrado por el "idealismo" (que supone verdad lo que se piensa). Toda solución de fondo tiene que ser 'realista" (que reconoce sólo como verdad a la realidad). Del realismo puede sobrevenir el humanismo. . . de cualquier idealismo surgirá otra ideología y autoritarismo. Y los pueblos están cansados de ser experimento de los "grandes" idealistas.
Este camino hacia la humanización de la sociedad tiene que seguir pasos firmes y definidos. Las fórmulas aparente mente más extremas pueden resolverse al reconocer el carácter personalista y libre del hombre, así como su dimensión social.
Una estrategia para humanizar la vida social tiene que echar a andar trabajos específicos que incluyan—de la casa i, al estado, pasando por las sociedades intermedias—, medidas como las siguientes:
1. Defensa y promoción de los derechos humanos fundamentales.
2. Apoyo a los sectores e individuos más necesitados, oportunidad, trabajo y reconocimiento.
3. Acción educativa que eleve "prácticamente" los niveles de vida, mediante valores éticos y cívicos, en concordancia a una instrucción que capacite para el trabajo y promueva la fundación y multiplicación de empresas.
4. Facilitar la conformación del patrimonio familiar y la capilaridad social, mediante la promoción continua a la iniciativa y al derecho a la propiedad, atemperando el afán de encautamiento fiscal.
5. Ampliación continua de la autonomía natural de las sociedades intermedias.
6. Aligeramiento paulatino del reglamentismo y el burocratismo, privado o público, en la ponderación de la eficacia.
7. Fomento a las muestras de integración, complementariedad, solidaridad o subsidiaridad que surjan en sociedad.
8. Reducción de las facultades y espacios de arbitrio en los gobernantes, de cualquier escala social.
9. Ampliación de los márgenes de acción y participación ciudadana.
10. Democratización generalizada e integral de las estructuras.
11. Fortalecimiento del Estado de Derecho, de la honestidad política y de la dinámica del poder decisorio.
12. Fomento de los recursos tecnológicos, la comunicación y la cibernética, en concordancia y desarrollo a la vida cotidiana.
13. Estimulo continuo y vinculación entre los valores culturales y civilizatorios.
14. Respeto y reordenación ecológica de la producción y la energía, así como penalización a su violación.
15. Búsqueda afanosa del bien personal, en concordancia con el bien común y público.
Llegó la hora de sembrar la cosecha que se recogerá en el siglo XXI. El humanismo debe ser "idea" comunicable. Tenemos que confiar en que es posible. El futuro puede ser tan libre como lo decida esta generación.
La humanización, por supuesto, no puede ser dogmática. No se puede hacer del humanismo otra ideología. El humanismo es Filosofía del Hombre. Un humanismo verdadero, un humanismo nuevo, tiene que ser libre y respetuoso del parecer y posibilidad participativa de cada quien, so pena de contradecirse a si mismo.
En conclusión este Humanismo habrá de ser: a) integral, para no desconocer nada de lo humano, b) realista y abierto sin sujetarse a esquematizaciones, c) espiritual, para facilitar la trascendencia, d) existencial, para no desconocer la temporalidad y contingencia humanas.
Esta humanización que se presenta como la inquietud y reto del año 2000 posee, desde luego, tres grandes objetivos: elevar el orden social, la paz y el bienestar de todos.
¿Dónde se está forjando el futuro? Es fácil decir que el futuro empieza en el presente. Pero, ¿qué presente? Nuestro presente rebosa de paradojas.
Pero al final debemos acoger, no desechar, paradoja y contradicción, presentimiento, imaginación y audaz síntesis.
La mayoría de la gente concibe el mañana como mera extensión del hoy, olvidando que las tendencias, por poderosas que parezcan, no se limitan a continuar de una manera lineal.
El hecho de que algo esté sucediendo ahora, o haya estado sucediendo durante trescientos anos, no constituye ninguna garantía de que vaya a continuar.
El futuro es fluido, no petrificado. Está formado por mudables y cambiantes decisiones cotidianas, y cada acontecimiento influye sobre todos los demás.
Tengo la convicción de que nos encontramos en la actualidad al borde de una nueva Era de síntesis.
Es una época de explosivos cambios, formular las más amplias preguntas acerca de nuestro futuro no es una simple cuestión de curiosidad intelectual. Es una cuestión de supervivencia.
Lo sepamos o no, la mayoría de nosotros estamos ya empeñados en resistir o en crear a la nueva civilización".
(47) ALVIN TOFFLER. La Tercera Ola, pp. 22 y 137. Edivisión. México 1981.
EPILOGO
Tengo que hacer una confesión: todo lo humano me apasiona. En la vida he ido por muchos senderos. Descubrí al "hombre" en la libertad de la verticalidad. He sido escalador por muchos años. Avanzando por una fisura en la roca o pendiendo de puntas sobre el hielo, comprendí la frugalidad y la grandiosidad humanas. Me encontré referido a Dios, a los demás y a la naturaleza.
Abierto a todas las dimensiones de lo humano, he conocido y tratado con muchos: algunos grandes, otros pequeños, pobres o ricos, científicos y analfabetos, santos y profanos. En todos ellos he descubierto un proceso de perfección o de desperfección gradual. Todos buscan su "bien", más no todos acertando a los fines de su naturaleza. Malas intenciones, dolo o prepotencia, sólo la he observado en muy pocos. Sin escándalo, me parecen tan magníficos o tan débiles como cualquier humano pudiese ser. No son las condiciones del entorno quienes les determinaron, pero si les aporto "circunstancia" de la que algún otro, en su lugar, puede sacar mayor provecho o sucumbir en mayores aberraciones. . . No hay alternativa: habría de aprender a no dramatizar ni incurrir en prejuicios. Buscaría ser benigno en mis apreciaciones, sobre todo con aquellos que viven "indigencia", y también a ser "existencial" en mis contribuciones. . . Entiendo que avanzo cada vez que me dirijo a la libertad de los demás entre puntos de contacto y acuerdo. Estimo por eso, especialmente, a quienes han crecido y vivido de forma distinta a la mía, y al tratarme han contado y respetado mi libertad.
Por último, no lo desconozco, me inquietan también algunos en abstracto: que como "figura" pública, sufre de una pedantería social y panteísta. Otro "soñador" con desaciertos, pagado de si. Otro más, suponiendo hacer virtud de la sumisión a la arbitrariedad y la imposición "visionaria". El último, estoico, sacrificado, pero con frustraciones de desarrollo. A estos y para estos, deseo invitarlos a apasionarse también por todo lo humano. La obra perfecta está hecha de pequeñeces. Lo humano es realidad en la concreción.
Por un mundo más viable, a Isaac.