Capítulo 2. IDENTIDAD NACIONAL
Territorio Común
Mestizaje Plurietnico
Idioma Español
Sensibilidad Colorida
Ingenio Intelectual
Sentido del Humor
Solidaridad Familiar
Guadalupanismo
Tradiciones Festivas
TERRITORIO COMUN
Lo más elemental de la identidad de una Nación, consiste en contar con un territorio propio.
En este sentido, nuestra geografía fue enormemente pródiga, tal vez, como no lo había sido con ninguna.
Las dunas del Pinacate y el Valle de la Muerte; los arrecifes de San Lucas, Carmel y Zihuatanejo; los barrancos del Gran Cañón, Batopilas y El Sumidero; las playas de San Diego, Cancún, Vallarta y Tuxpan; los bosques de La Marquesa, Yosemite y Monte Bello; las sierras de Oaxaca, Tarahumara y San Pedro Mártir; los valles de Guadalupe, Tequisquiapan y San Fernando; las rocas de Santa Catarina, Bernal, Nuevo México y Actopan; las islas Marías, de Mujeres y Alcatraz; las planicies del Bajío, Texas y Yucatán; los ríos Lerma, Grijalbo y Colorado; las bahías de La Paz, San Francisco y Acapulco; las selvas Lacandona y Veracruzana; las cuencas de México y Chapala; los volcanes del Citlatépetl, Popocatépetl e Iztaccíhuatl; las cumbres de Xinacantécatl, Colima y El Capitán.
Glaciares, sierras, desiertos, valles, ríos y mares...para dotar a una tierra bendita que Dios nos concedió.
MESTIZAJE PLURIETNICO
A nuestras costas arribaron europeos venidos de distintos países y regiones; en su mayoría fueron españoles del centro, particularmente castellanos, pero en tierra de visigodos los había también navarros, gallegos, asturianos, catalanes…
Junto a ellos hubo franceses, belgas, italianos... y hasta africanos.
La mayor parte eran varones jóvenes-sin más en común-que su decisión de aventurarse por una vida nueva y no regresar jamás.
Algunos se establecían en la metrópoli; otros marchaban a villorios que al tiempo se convertían en ciudades: San José, Tuxtla, Mérida, Villahermosa, Campeche, Oaxaca, Córdoba, Puebla, Tlaxcala, Pachuca, Querétaro, León, Guadalajara, Colima, Aguascalientes, Zacatecas, San Luis Potosí, Saltillo, Mazatlán, La Paz, Culiacán, Hermosillo, Chihuahua, Monterrey, Los Angeles, San Antonio, Santa Fe…
Poco a poco, surgía lo que el filósofo llamaría la raza cósmica, efecto de un policromático mestizaje carente de precedente histórico...
Era una sociedad sintética, cuya genética enlazaba ideas, sueños y palabras, emociones y aspiraciones.
Al finalizar el siglo XVIII, se reportaba una población total de cuatro millones conformada por indios (51.8%), europeos (1.4%), criollos (21.2%), africanos (0.1%) y mestizos (25.4%).
El mestizaje-sin embargo- más allá de las étnias, fue sobretodo de naturaleza cultural; siendo pocos los núcleos que se escindieron de este proceso.
En ejercicio de su derecho de “no integración al mestizaje”, permanecerían incólumes: apaches, rarámuris, cochices, siuxes, lacandones, huicholes, tzotziles...
IDIOMA ESPAÑOL
En el territorio habitaban más de cincuenta grupos étnicos y lingüísticos, que a su vez se expresaban en más de cien dialectos... eran tan diversos unos de otros, que ni aún las palabras podían vincularlos. Hubo que empezar por lo básico: -como sucede con los niños-aprender los vocablos elementales; que al final se convierten en palabras y contenidos; por los que las personas pueden comunicarse y entenderse.
Expresarse en “español” significaba entenderse en un idioma, pero también en perfilar un lenguaje.
El idioma en “forma” es fonética y gramática, pero en “contenido” es idea y concepto.
El aislamiento racial y cultural, encontró un método común a partir del cuál codificar y decodificar.
En castellano se dio acceso al abecedario y al sistema decimal; a las abstracciones de la lectura, la escritura y el cálculo matemático; al calendario y los oficios, a las notas musicales y al catecismo.
Fue un lento y tortuoso aprendizaje... pero nuestra historia, adelante, se narraría en español.
SENSIBILIDAD COLORIDA
Nuestro modo de sentir se nutrió de todos los temperamentos, adquiriendo una personalidad maravillosa.
Nuestros gustos se volvieron policromáticos...y nuestras vidas “barrocas”, llenas de alegría y colorido.
...Tortillas, pozole, tamales, frijoles, nopales, chile, tomate, romeros, mole, bolillos, bizcochos, vainilla, chocolate, canela, chicle, tabaco, naranja, limón, chia, jamaica, horchata, rompope, tequila, mezcal, camarones, jaibas, langostas, ostiones, chalupas, tacos, cecina, machaca, chilorio, cochinita, guajolote, nogada...
Palacios, conventos, escuelas, iglesias, atrios, retablos, altares, monumentos, empedrados, adobes, portones, balcones, herrerías, mosaicos, tejados, casitas y cerámicas de Puebla, Paracho, Oaxaca, Tlaquepaque, Taxco, San Miguel y Guanajuato.
Además: corridas de toros, cantos, serenatas, bailes, mariachis, piñatas, posadas, pastorelas, nacimientos, santos reyes, día de muertos, navidad y semana santa.
INGENIO INTELECTUAL
En tan grande territorio y con tan diferentes actores, generar un progreso homogéneo era un reto enorme.
La necesidad de “adaptarse” debía darse con rapidez...comprender, aprender y ejecutar.
Sin contar con las herramientas específicas, ni con piezas de repuesto, ante la necesidad de salir adelante, aprendimos a generar “adaptaciones” prácticas.
A toda velocidad se sucedían los avances, en todas las áreas del saber y del quehacer humanos: teología, filosofía, ciencias, tecnologías, oficios, artesanías y artes.
El ingenio intelectual surgió como nota distintiva, bajo la necesidad de equilibrar diálogos y relaciones sociales.
Entre la época moderna y la contemporánea-en tiempos de la revolución francesa-acortábamos distancias ante el mundo, emergiendo con extraordinario vigor.
Nunca fuimos despacio ni nos atrincheramos en el pasado...el “cambio acelerado”, fue entonces como lo es hoy, signo de los tiempos.
SENTIDO DEL HUMOR
Los mexicanos vivimos siempre “a flor de piel”, haciendo valer los “sentimientos”.
Nuestro “calor humano” expresa la fuerza de nuestras emociones, pero también nos hace vulnerables.
Ponderamos la amabilidad y la sonrisa, la alegría y el regalo... pero nos cuesta trabajo ponerle un “hasta aquí” a lo que nos corroe.
Aunque carecemos de suficiente método, la tensión nos puede conducir a “heroísmos”...sobreponiéndonos a las adversidades; enterrando resentimientos.
Nuestro “sentido del humor” nos pone a salvo en tiempos buenos y también en medio de las dificultades.
...Por eso jugamos con las palabras, creando analogías y dobles sentidos.
...Y como son legiones quienes desde el poder han cultivado el “arte de la estafa”, mintiendo al pueblo por sistema, es parte del “saber popular”, reírse, tanto de los tiranos como de las desgracias.
...Y es en el “chiste” donde se monta el “juicio” con ingenio y contundencia, sin conceder ninguna apelación.
Bajo nuestro extraordinario sentido del humor, le ponemos buena cara y nos burlamos del autoritarismo y el fraude, la tontería o la traición.
Nuestro sentido del humor nos distingue con claridad, pues expresa el carácter de nuestra humanidad.
SOLIDARIDAD FAMILIAR
¿Dónde se gesta la mexicanidad?
¿Cómo obtiene continuidad?
¿Quién fragua nuestros principios, valores y actitudes?
¿En qué se asienta nuestro sentido de humanidad?
¿Qué roles juega cada quién?
Todos lo sabemos con certeza total: la familia es la célula básica de la sociedad, que adquiere en México, un carácter exponencial de estructura y ambiente.
Los mexicanos creemos en la familia; en ella nos sentimos alegres y a salvo... sin ella padecemos desamparo y desesperanza.
En la “familia” depositamos fortaleza y vulnerabilidad, realización y frustración.
Fuera de los extremos y de las excepciones, los “varones” son fuertes en la vida pública tanto como las “mujeres” lo son en la vida privada-así se equilibra ontológicamente nuestra sociedad-.
La mujer es el eje de la vida social... mientras los planetas giran a su alrededor...
...Y si acaso, su debilidad puede ser física pero nunca metafísica.
El machismo es más una reacción y una impotencia, que una acción y una fuerza.
La familia crece, se desarrolla y multiplica, alrededor de la “madre”.
La “madre” domina lo cotidiano, lo ritual y esencial; por eso al “padre” sólo se le conceden los espacios exteriores y los extraordinarios.
Para los esposos y para los hijosla “familia nuclear” es muy importante.
Sin embargo, igual o mayor significado lo tiene la “familia amplia”.
...Por eso en nuestras familias, los nietos y los abuelos tienen prioridad y reverencia.
Finalmente, todos reconocen en sus ancestros la sede de los valores y las costumbres; que después asumen y reproducen generacionalmente.
GUADALUPANISMO
“A la sazón en el año 1531, sucedió que había un indio de nombre Juan Diego, natural de Cuautitlán.
Era sábado muy de madrugada.
Al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyacac, amanecía y oyó cantar arriba del cerrillo.
Semejaban cantos de pájaros preciosos y parecía que el monte les respondía.
Dijo Juan Diego:¿por ventura soy digno de lo que oigo?¿quizá sueño? ¿dónde estoy? ¿acaso en el paraíso terrenal? ¿acaso ya en el cielo?
Oyó que llamaban de arriba y le decían:Juanito, Juan Dieguito.
Subió muy contento,cuando llegó a la cumbre vio a una señora que estaba ahí de pie.
Se maravilló mucho de su sobrehumana grandeza: su vestidura era radiante como el sol; el risco en que posaba su planta flechado por los resplandores.
Se inclinó delante de ella, oyó su palabra muy blanda y cortés.
Ella le dijo: Juanito el más pequeño de mis hijos ¿a dónde vas?
Respondió: Señora y niña mía, tengo que llegar a tu casa de México-Tlaltilolco, a seguir las cosas divinas que nos enseñan nuestros sacerdotes delegados de nuestro Señor.
Ella le descubrió su santa voluntad: Sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, madre del verdadero Dios por quien se vive.
Deseo vivamente que se me erija un ´templo´ para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre; a tí, a todos vosotros juntos, los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos, que me invoquen y en mi confíen; oír allí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores.
(después de una segunda, una tercera y durante una cuarta aparición)
Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflije, no se turbe tu corazón, no temas ninguna enfermedad y angustia.
¿No estoy aquí que soy tu madre? ¿no estás bajo mi sombra?¿no soy yo tu salud? ¿qué más has menester?
No te apene ni te inquiete ninguna cosa.
Sube a la cumbre, hallarás diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas, enseguida baja y tráelas a mi presencia.
Juan Diego las echó en su regazo y bajó inmediatamente.
La señora del cielo, las cogió en su mano y se las devolvió, diciendo: Hijo mío, el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo, le dirás en mi nombre que vea en ellas mi voluntad y que él tiene que cumplirla.
Tú eres mi embajador muy digno de confianza.
Rigurosamente te ordeno que sólo delante del obispo despliegues tu manta y despliegues lo que lleva.
Juan Diego se puso en camino.
Al llegar al palacio, largo rato estuvo esperando.
El señor obispo cayó en la cuenta de que aquello era la prueba, para que certificara y cumpliera lo que solicitaba el indito.
Luego que entró, contó todo lo que había visto y admirado y también su mensaje.
Ella me dijo por qué te había de entregar las flores; y así lo hago para que en ellas veas la señal que pides y cumplas su voluntad.
Hélas aquí: recíbelas.
Desenvolvió su manta blanca, y así se esparcieron por el suelo las diferentes rosas, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la siempre virgen Santa María madre de Dios, de la manera que está y se guarda hoy en su templo del Tepeyacac, que se nombra Guadalupe”.
(Nican Mopohua, textos seleccionados).
TRADICIONES FESTIVAS
La vida de los mexicanos es una continua celebración.
Del nacimiento a la muerte se suceden los festejos, dentro de un sincretismo de carácter religioso, cívico y social.
Una vez en la vida: bautizo, primera comunión, boda, entierro.
Cada seis años: Elecciones presidenciales y campeonato mundial de futbol.
Cada año: Día de reyes, de la amistad, de la bandera, del niño, de la madre, del maestro, del padre, del compadre, de la independencia, de muertos, de la revolución, posadas, navidad, año nuevo, y desde luego, día del santo y de cumpleaños.
Las celebraciones tienen por destino reunir a la familia y a los amigos, reafirmar los vínculos y planear las próximas reuniones.
La comida, la bebida, la plática, la misa, los chistes, el regalo, la piñata, la música y el baile, todos poseen un hondo significado...
Desde el consciente o desde el inconsciente, los días de estudio y trabajo se valoran como esfuerzos que discurren entre fechas de celebración-así medimos el tiempo y la integración comunitaria-.
Gracias a las tradiciones festivas, la vida de los mexicanos tiene causa común,...no cae en el abandono ni se hunde en la desesperanza.
Las “fiestas” revitalizan a los individuos atomizados al igual que integran a las familias; los nutren lo mismo de estoicismo que de una amable sensación de esperanza y de alegres significados.
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