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 Capítulo 10. CIVILIZACION DEL AMOR

Dignificación de lo Humano
Redimensión de la Cultura
Hacia una Política Humanista
La Civilización del Amor
Dios Te Bendiga, México

DIGNIFICACION DE LO HUMANO

Desde la perspectiva de la Filosofía de la Historia, el saber olvidó por más de cinco siglos que el hombre es un ser creado y referido a Dios.

Del racionalismo soberbio al empirismo liberal y al materialismo dialéctico, la vida de muchos quedó reducida a una “pasión inútil”,  insatisfecha por la marginación socioeconómica,  el autoritarismo, la vanidad y el consumismo.

Para rehallar el sentido de la historia, debemos recordar el precepto escrito en el frontispicio del templo de Delfos: “conócete a tí mismo”.

Podemos estar absortos con el cosmos, pero de todas las maravillas, la mayor es el microcosmos del hombre mismo.

Hemos de tratar al hombre en toda su integridad, reconociendo que su dignidad está por encima de la pedantería de cualquiera.

El hombre es el centro y la cima del cosmos; no sólo porque es el vértice de la escala universal sino porque su primacía proviene de su rasgo distintivo: el espíritu.

Inclusive debemos decir que el hombre es tal porque es “espíritu”.

Las batallas de principio y el mismo resultado final de la historicidad de los sistemas políticos, se debaten y resuelven en el enfoque antropológico.

Una generación y nación serán lo mismo que piensen que son o pueden ser.

Los cambios históricos han sido previamente, cambios en la perspectiva de lo que se entiende por “hombre”.

El hombre sabe y reconoce que cuando nace, no es todo lo “hombre” que puede llegar a ser-microcosmos en expansión-.

Sus inquietudes perennes de perfección y perfectibilidad son imperativos constantes de su esencia y existencia.

 “Dignificar” al hombre supone estar dispuestoa dejarle vivir su propio destino, dejarle correr los riesgos de su personal libertad.

Movido por afanes materiales, impulsos pasionales o propósitos espirituales, estará siempre el hombre ocupando su puesto cósmico, enraizado en la contingencia... y proyectado hacia lo trascendente.

Nuestro drama consiste en ser y no ser de alguna forma. -estar tranquilos y ansiosos a la vez-.

Vivir a un tiempo la plenitud y la indigencia... estar anclado a la doble dimensión de lo temporal y lo eterno.

No somos una pieza de la maquinaria universal.

No somos una especie de animal supraevolucionado.

No somos los siervos de otros ni los escalones de nadie.

Somos creaturas unidas entrañablemente al universo por nuestra física y nuestra biología... pero semejantes a Dios por nuestro espíritu.

Nuestra dignidad es una categoría ontológica, ética y teológica.

No es una forma retórica ni una arrogancia autocalificadora.

La dignidad de la Persona Humana radica en su naturaleza superior a las demás creaturas, en su origen y destino trascendentes... en ser responsable del orden ético natural.

La dignificación del hombre supone la plenitud de su espíritu, la elevación de sus niveles intelectuales, la satisfacción de sus emociones y sentimientos, con la exigencia de progreso material. 

REDIMENSION DE LA CULTURA

El sujeto de la historia es la persona humana.

Sus verbos son: ser, pensar, querer, elegir, sentir, estar... amar.

Sus predicados son: verdad, bien, belleza, sociedad, cultura... civilización.

En todos los pronombres y en todos los tiempos, la plenitud humana radica en amar y civilizar:

Yo amo, tú amas, él ama, nosotros amamos, ustedes aman, ellos aman... y con ello:

yo me civilizo, tú te civilizas, él se civiliza, nosotros nos civilizamos, ustedes se civilizan, ellos se civilizan.

El amor y la civilización son el principio, el medio y el fin de la vida humana.

 Amar y ser amados... civilizar y ser civilizados.

¿Qué más humano que amar y ser amados?

-a eso dedicamos nuestra esencia-.

Lo mismo:¿Qué más humano que civilizar y ser civilizados? -en eso ocupamos nuestra existencia-.

...Son éstos nuestros requerimientos, necesidades, tendencias, exigencias, y características más humanas.

En todas sus acepciones: de conscupicencia, de amistad, de contemplación.

-Como expresiones sublimes de la materia y el espíritu humanos-.

Amar y civilizar:...lo simple y lo complejo,...lo rutinario y lo extraordinario,...lo contingente y lo trascendente.

...para tener presentes  que algo tenemos de animales y también de ángeles.

Amar es “dar”... civilizar es “perfeccionar”.

El redimensionamiento de la cultura consiste: En amar civilizadamante... en civilizar amorosamente!

¿Queremos transformar el destino de la nación?

Entonces, démonos a la tarea de inculturizar el amor.

Qué todos desarrollen sus inteligencias y proclamen: Somos buenos si nacemos por amor,...si vivimos en amor... si morimos con amor.

El amor y la civilización son el principio, el medio y el fin de la vida humana.

Muchos dirán:...Duras son estas palabras.

¿Quién podrá cumplirlas?

Y otros les responderán: No supongan que el odio y la violenciales concederá algún progreso.

¡...Ustedes lo saben mejor que nadie!

HACIA UNA POLITICA HUMANISTA

Si aspiramos a una civilización del amor, los esfuerzos aislados e inconexos serán absolutamente insuficientes.

Si deseamos dignificar lo humano, en sentido pleno, será indispensable renovar lo público, es decir, humanizar la política.

Una política humanista significa la comprensión de lo que verdaderamente somos.

Nadie puede dudar, que sólo sobre una real antropología podrá surgir una real política.

Una política humanista significa una política verdadera,...porque ella reconoce, opera y se mueve dentro de lo que somos: inteligencia, voluntad, libertad, emociones y aspiraciones colectivas.

La política humanista es realista, referida al entorno, que reconoce sus posibilidades y alcances concretos.

...Es sensible a lo esencial, a efecto de entender y atender lo existencial.

...Es integral por cuanto inmiscuye todo lo humano, y es plural por cuanto no discrimina a nadie.

...Es siempre conforme al Derecho, justificándose en la licitud y la legalidad.

...Es institucional; se nutre de tiempo y de tradiciones, planea y se administra para el largo plazo.

...Es socialmente solidaria, especialmente con quienes sufren debilidad, mostrándose fraternal y asistencial.

...Es demócrata en sentido pleno, se nutre de un estilo de vida participativo y se atiene a los resultados electorales representativos.

...Es primero autoridad, y después poder.

Un gobierno humanista es Estadista.

Se reafirma: en la garantía de los derechos ciudadanos; en el fomento de la libertad dentro de limites justos; en las iniciativas, inventivas y asociaciones; en la certeza de guardar el orden social; en favorecer las buenas conductas y la legalidad.

…En evitar la anarquía y la demagogia; en poner remedio a los desequilibrios; en elevar los niveles económicos de la población; en someter la vida del Estado al bien público.

Nada más contrario a la veracidad política, que apelación demagógica por las desigualdades y las injusticias, sólo para el asalto del poder y un nuevo sometimiento.

Pongamos un “no más” al maquiavelismo... en que “el falaz engaña al falaz, el vano al vano, el ciego al ciego, el enfermo al enfermo”.

El objeto verdadero de la política es el servicio de los demás.

El fin de la política humanista es el “bien público”, de la Nación y sus Estados; el “bien común” de grupos y comunidades; y el “bien individual” de las personas libres.

Bien público como “ambiente” en que pueden germinar los bienes comunes e individuales.

La tarea del gobierno consiste no tanto en hacer como en crear condiciones.

Sin paternalismos, desde la autoridad no se trata de “dar” sino de “permitir”.

El bienestar, no es tanto quehacer de gobierno como de ciudadanos.

El régimen humanista no es el sujeto del desarrollo, sino los ciudadanos mismos.

...al gobierno humanista sólo le toca organizar los planes de desarrollo, coordinar su ejecución y garantizar su cumplimiento.

...del gobierno sólo se espera que guíe, dirija y conduzca.

La eficiencia de las políticas humanistas se verifica entre los ciudadanos y sus comunidades, mediante su progreso integral y su bienestar concreto.

La política humanista se reafirma particularmente, en la salud psíquica de los individuos, en la convivencia pacífica, en la seguridad de las relaciones sociales, en las oportunidades de progreso, en la generación y disposición de bienes económicos, en la representación política auténtica, entre todas las regiones, sectores y grupos sociales.

El Estado humanista es un universo en expansión, donde cada hombre encuentra su desarrollo, afirmando su moral y trabajo, convivencia y realización.

 LA CIVILIZACION DEL AMOR

La civilización del Amor no es una fantasía... por el contrario, es un proyecto viable, derivado de una nueva visión histórica, que está ya aquí, a manera de exigencia universal.

...No es un lugar aparte, ni tampoco una metáfora de un mundo imaginario;no es la Ciudad del Sol de Campanella, tampoco la Isla de Utopía de Moro.

...Es un proyecto conformado con las nuevas ideas, las nuevas costumbres y las nuevas instituciones, que el siglo XXI está fraguando.

...Es una cosmo-visión de quienes acudimos al encuentro del futuro, ciertos de la alta-eco-tecnología y de la convivencia pacífica.

...No es de ninguna manera una “ideología”; porque no tiene dogmas, ni verdades absolutas.

...Es una filosofía de vida, orientada al desarrollo humano pleno, que con sencillez acepta: Dios existe, todos somos hermanos, el planeta es nuestra casa.

No hay manera de impedir su avance, porque los deseos de paz y progreso crecen espontáneamente en la conciencia de los niños y los jóvenes de México y del Mundo.

La civilización del amor es posible... no es una quimera, ni un ideal inaccesible, ni un sueño irrealizable...

...Es el reclamo de los más débiles...

Es la aspiración de los más honestos y pacíficos...

¡Es la necesidad de sobrevivencia que todos requerimos!

Atentos a los acontecimientos, transformaciones y signos de los tiempos, atravesamos el umbral de la historia, asistiendo al principio de la era universal.

El siglo XXI nos reclama transitar hacia un mundo más humano, que reafirme lo que nos distingue y es más propio, según nuestra naturaleza: la capacidad de amar y ser amados.

Humanizar la sociedad equivale a Amorizarla.

¡El amor va permeando nuestras personas y sociedades, aspiraciones y relaciones, estructuras y  realizaciones!

En este proceso... y para humanizar el desarrollo, lo político no podrá excluirse.

...Habrá que amorizar la cultura y humanizar la política.

¡Dignidad, no degradación!

¡Libertad, no liberalismo!

¡Igualdad, no sumisión!

¡Sociedad, no socialismo!

¡Capital, no capitalismo!

¡Patrimonio, no especulación!

La cotidianidad puede nutrirse de pluralidad, de respeto y de seguridad, de justicia y de equidad.

Unidad en la diversidad, en la esencia de la nueva civilización.

Lo sabemos todos, el verdadero progreso humano es y tiene que ser, a la vez, espiritual y material.

Cultura y Civilización al servicio del Hombre y la Sociedad.

...Hagámoslo por amor a Dios, a nosotros mismos y al prójimo...

...Sin doblez en nuestras convicciones: cambiemos la historia!

Hagámoslo por los niños y los huérfanos, por los ancianos y las viudas, por los enfermos y los discapacitados, por los marginados y los pobres..., que padecen hacinamiento en las ciudades y olvido en los campos...

...Por ellos démonos la oportunidad histórica de ser lo que somos:

Personas Humanas, capaces de construir un mundo también humano...

¡Concedámonos “todos” la tarea de ser fundadores y protagonistas de una  generación puente hacia la Civilización del Amor!

DIOS TE BENDIGA, MEXICO

México es un vocablo incluyente... en él descubrimos la síntesis perene de nuestra universalidad.

...En todas las gentes de buena voluntad, descansa la Suave Patria, enunciada por la Plegaria México, creo en tí.

...Siglo y medio después del Poeta, sigue más válido el destino que por el dedo de Dios se escribió.

...Por ello, el Vicario de Cristo ha profetizado:¡Dios te bendiga México!

...Bendición para los que han dado ejemplo de humanidad y fe, defendiendo la familia y la vida.

...Para los hombres y mujeres que componen el rico mosaico de nuestras diversas y fecundas culturas.

...Para los pueblos indígenas, cuyo progreso y respeto hay que promover.

...Para los que se esfuerzan en desterrar las luchas que nos dividieron.

...Para los que siguen extrañando a quienes emigraron en busca de pan y trabajo.

...Para los que aman la libertad, garantía de estabilidad y derechos fundamentales.

...Para los que anuncian en  esta tierra, desde hace cinco siglos, el reino de Dios.

Esta bendición es para todos nosotros, los que abiertos al porvenir, acudimos a la buena nueva de perfección y progreso.

Todos heredamos la riqueza cultural de ser pobres de espíritu y haber sufrido con mansedumbre, de ser misericordiosos y limpios de corazón, hambrientos de justicia y amantes de la paz.

 Creyentes y no creyentes, judíos o gentiles, bautizados o no, somos todos católicos en el sentido latino.

...Llamados todos a socorrer a los que sufren injusticias, a los hambrientos y enfermos, a los desarrapados y peregrinos.

...Y por esta profundidad metafísica, llamados todos a sublimar lo cotidiano, desde la fecundidad de la diversidad.

En un Estado Laico, construido y gobernado por laicos, estamos llamados a trabajar juntos para construir un futuro mejor.

A favor de las nuevas generaciones, un nuevo Proyecto de Nación, encuentra su justificación al impregnar de inspiración ética, las tareas públicas.

...En esta misión, la bendición de Dios, está con nosotros!

Pidamos al Creador, nos haga instrumentos de su paz...

Donde haya odio,...sembremos el amor; donde haya injuria,...el perdón; donde haya desesperación,...la esperanza; donde haya tinieblas,...la luz; y donde haya tristeza,...la alegría.

Pidamos a Dios providente, nos bendiga y nos guerde...

Nos muestre su rostro y tenga misericordia de nosotros.

Nos mire benignamente y nos conceda la paz.

El Señor nos bendiga a todos nosotros.

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